miércoles, 23 de mayo de 2012

Destellos de primavera



 
Alejandro Encinas Nájera

Hay motivos de sobra para que los demócratas se encuentren alegres y entusiasmados. Comienzan a verse destellos de lo que probablemente será una Primavera Mexicana. Sus alcances y resultados aún no pueden vislumbrarse, pero lo cierto es que como un río en lluvia, su caudal se va nutriendo. La irrupción de una ciudadanía crítica y revitalizada es irrevocable; ha llegado para quedarse.

El país y la sociedad mexicana han cambiado; las instituciones no. Éstas permanecen ancladas a realidades pretéritas. No cabe duda que en la actualidad los sistemas políticos se encuentran desfasados, pues su surgimiento y evolución han respondido a un contexto completamente distinto al que actualmente vivimos. La brecha entre la efervescencia cívica-electoral, y la clase política tradicional, se amplía día con día de manera dramática. Las instituciones están emplazadas urgentemente a actualizarse para encarar los desafíos que plantean estas nuevas realidades.

¿Y cuáles son estas nuevas realidades? Se trata de un cambio de valores y de actitudes políticas. Muy lentamente se han ido gestando a través de los años. En los últimos días hemos atestiguado por fin su florecimiento.

Es una ciudadanía revitalizada que cuenta con un elevado acceso a la información y que no se cree el cuento de que en este país hay una democracia consolidada; que sostiene que la contienda electoral no es una telenovela y que no aceptará imposiciones de los poderes fácticos, en especial de las televisoras. Estas franjas de la sociedad han desarrollado un alto nivel de conciencia y han caído en cuenta que lo que un individuo no puede obtener, una multitud lo conseguirá. En su aritmética de movilización han erradicado la resta y la división, optando por la suma y la multiplicación.

Esta irrupción ciudadana abre nuevas vías de participación y activismo que desde la óptica conservadora o autoritaria no pueden, o mejor dicho, no quieren comprender. Ha mostrado a los escépticos la virtud de conjugar los mensajes en las redes sociales con los actos cara a cara. Se ha reapropiado del espacio público –calles, avenidas y plazas–, para deliberar lo que nos concierne a todos como comunidad política. A muchos ha sorprendido que se muestre repulsiva a la antipolítica y a la resignación; esta nueva ciudadanía se ha desencantado del desencanto y sabe que ha llegado la hora de tomar las riendas del rumbo público.

También rechaza los principios de sumisión, jerarquía y solemnidad propios de una cultura política anacrónica, y plantea una forma novedosa de organizarse de manera democrática, descentralizada, horizontal y solidaria, principios propios de la sociedad-red.

Lo más llamativo y esperanzador de esta efervescencia es que está siendo nutrida principalmente por aquéllos que en el discurso oficial son descritos como apáticos e indiferentes: las juventudes y en especial los universitarios. Hartos de que les receten la frase de que son el futuro, reivindican su papel transformador en el presente. Lo hacen en tono alegre, creativo, irreverente, con brillos de genialidad. Conjugan la pintura con el performance, el humor, la ironía, la crítica ácida y la protesta, con la amistad, la camaradería y la sensación cómplice de estar haciendo historia. Todos estos elementos se han enlazado con una ejemplar dignidad. Dignidad ante la sumisión, la humillación cotidiana, las tentaciones autoritarias.

Por primera vez desde que arrancaron las campañas, la sonrisa plástica de Peña Nieto se ha eclipsado ante un abrumador semblante de preocupación. Desde su cultura priísta no puede comprender qué está pasando. En franco paralelismo con Díaz Ordaz, quien denunciaba que la rebeldía estudiantil del 68 había sido instigada en el contexto de la Guerra Fría por células comunistas leales al bloque soviético, Peña Nieto culpa a sus rivales ideológicos de instigar estas movilizaciones en su contra. De este modo, le falta al respeto a quienes participaron en las recientes manifestaciones guiados estrictamente por su libertad de conciencia. Y es que desde el autoritarismo, lo que no se comprende, se reprime. Así sucedió en Veracruz, Michoacán y Colima, donde los activistas fueron hostigados, agredidos física y verbalmente, y amenazados.

Tras el resultado de la marcha Anti EPN, es pertinente que quienes demeritaron la naturaleza de la convocatoria e invitaban a no asistir, reconsideren su postura. Algo hay que reconocer: fue asombrosa la capacidad que tuvo Peña Nieto para convocar simultáneamente a decenas de miles de personas en varios puntos del país para protestar en su contra. Los detractores de esta marcha centran sus críticas en que lo que unió a los asistentes fue una cuestión no propositiva, es decir, el rechazo. No han caído en cuenta que cuando se plantea el rechazo a la negación de la dignidad y el respeto a la vida humana, esa reivindicación se convierte profundamente afirmativa y política. En conclusión, el rechazo al proyecto restaurador de Enrique Peña Nieto es un SÍ a la vida, un SÍ a la dignidad, un SÍ a defender la democracia. Esta bola de nieve está por convertirse en avalancha. 

2012, democracia y neoliberalismo



Alejandro Encinas Nájera
Democratizar la democracia

La relación entre un sistema democrático en lo político y un sistema neoliberal en lo económico, es histórica y contingente. En los debates académicos, quienes promueven la visión del fin de la historia –según la cual la humanidad ha encontrado un modelo de sociedad acabado y prácticamente inmejorable–, lo consideran inmanente. Pero esto no tiene por qué ser así. No estamos condenados a que la democracia sea minimalista y restringida a elecciones periódicas, ni a una economía que genera profundas desigualdades estructurales.

Contrariamente, la fusión entre democracia y neoliberalismo debe entenderse como el resultado de un proceso histórico, es decir, delimitado a tiempos y espacios concretos. En el caso de las transiciones latinoamericanas, los regímenes aplicaron una estrategia de estire y afloje. Esto es, al tiempo que en lo político arrancó un proceso de democratización e ingreso de una amplia gama de partidos a la arena pública, en el terreno económico se instauró un periodo de reformas estructurales agresivas que tendieron a favorecer a una reducida minoría en detrimento de las franjas mayoritarias de la población.

Los ciudadanos se entusiasmaron por la promesa de que tendrían el derecho a que su voto contara por igual y de manera efectiva, pero paralelamente se enfurecieron al constatar que su salario real sería reducido y su seguridad laboral pauperizada. Podrían elegir a sus gobernantes, pero el poder se habría trasladado a circuitos financieros trasnacionales e inmunes al sufragio. Quizá aquí estriba la razón por la cual las cuentas del Latinobarómetro reflejan un amplio y esparcido sentimiento de desencanto de los mexicanos con su democracia. Y es que la transición, lejos de significar mayor igualdad y verse reflejada en el ascenso del nivel de vida de la ciudadanía, ha erigido gobiernos que adoptan servilmente agendas con intereses ajenos a los de nuestro país.

A estas alturas ha quedado claro que la relación neoliberalismo-democracia no sólo es insostenible en el tiempo, sino también incompatible en cuanto a sus contenidos. Para cumplir la aspiración igualitaria de la democracia, los ciudadanos deben liberarse de toda dependencia material o de cualquier tipo de subordinación. Esto no es novedad. Los filósofos de la Grecia republicana sostenían que es inconcebible que las personas sean libres en tanto no dispongan de los recursos y los medios para garantizar su existencia material. Un sistema económico que agudiza las inequidades y fabrica desposeídos por millones, simple y llanamente está incapacitado para complementar a la democracia política.

Por si fuera poco, el neoliberalismo traiciona sus propias prédicas: plantea competitividad y libre mercado, pero fomenta monopolios y privilegios. En efecto, contrasta lo que este sistema es en realidad, con las proclamas libertarias de Robert Nozick, precursor de esta corriente de pensamiento. Este autor reivindica la libertad y autonomía del individuo como el valor más preciado, y lo opone al poder arbitrario del Estado. Sin embargo, para sostenerse en el poder, los gobiernos neoliberales utilizan sus órganos de seguridad como maquinarias represoras, esto con el fin de controlar a la población y disuadir todo atisbo de rebelión. Inmejorable prueba de ello la dio Enrique Peña Nieto ante los estudiantes de la Universidad Iberoamericana. Ante el cuestionamiento sobre su responsabilidad en Atenco, donde ocurrió una brutal represión hacia un movimiento social (tan es así que se constató que los policías iban preparados con preservativos para violar a decenas de mujeres), el candidato a presidente por el PRI respondió que fue una acción de autoridad para restablecer el orden público.

Por todo lo anterior, la idea de que el neoliberalismo es sinónimo de desmantelamiento –El Estado mínimo– es una gran falacia. Es mentira que el Estado, al “no entrometerse” en los temas económicos, asume una posición neutral o escindida del conflicto social. Por lo contrario, los estados en la era neoliberal ostentan tanto vigor como antaño, y con las decisiones que toman o dejan de tomar, favorecen y perjudican a distintos sectores de la sociedad. Lo que sí se desmanteló fueron las instituciones de seguridad social y las empresas públicas. Así naufragamos en un capitalismo de cuates.

2012

En estas elecciones presidenciales hay tres candidatos que representan desde distintos matices la opción neoliberal. Son representantes del establishment. De estos tres, hay que reconocer que Quadri es el único que orgullosamente se asume como tal. Plantea privatizar todo, comenzando por los reclusorios y si pudiera, seguramente hasta el aire. El hecho que pregone este discurso al tiempo que es el pararrayos de Peña Nieto no es casualidad. Dice todas estas barbaridades para que con el paso del tiempo se vayan normalizando en el discurso público. El objetivo es ir preparando el terreno para que el próximo gobierno consolide la agenda neoliberal de despojo. Los otros dos candidatos son más pudorosos, pues sabedores de su ideario antipopular y de que sí tienen algo que perder, no lo exhiben en tiempos de campaña. Lo han manifestado cuando han asumido funciones de gobierno, ya sea a nivel federal o estatal.

El único candidato antineoliberal es Andrés Manuel López Obrador, quien encabeza el Movimiento Progresista. Desde hace décadas sus críticas a este modelo económico han sido sistemáticas; el tiempo le ha dado la razón. Para democratizar nuestra democracia precisamos deshacernos del neoliberalismo e instaurar un nuevo modelo en el que las cargas y los beneficios estén distribuidos de manera equitativa.

Sería un acto de absoluta ingenuidad esperar que quienes son los responsables de que el país se encuentre en este atolladero, cambiaron de la noche a la mañana y ahora portan la solución para salir de él. Albert Einstein solía decir que es una locura esperar que haciendo lo mismo vamos a obtener resultados distintos. Por más que el neoliberalismo propague miedo y desmotivación bajo la idea de que todos los políticos son lo mismo y que de nada sirve organizarse porque las cosas no van a cambiar, hoy los mexicanos tenemos la posibilidad de transformar nuestra realidad a través de la vía electoral. Esto es inusitado y no es poca cosa. Podemos restaurar la confianza en nosotros mismos. La moneda está en el aire. 

El Muro



 
Fear Builds Walls

Berlín, 9 de noviembre de 1989.- Una noche de pleno invierno, calurosa por la muchedumbre congregada, el muro que separaba las dos Alemanias y que contenía el avance de los dos polos militares hegemónicos, quedaba hecho escombros. Veintiocho años después de su construcción, familias berlinesas volvían a encontrarse, amigos entrañables a reconocer sus rostros con unas cuantas arrugas de más, la parte oriental a descubrir los excesos de la sociedad de consumo capitalista, mientras que la parte occidental a pasear por una parte de la ciudad intacta, paralizada en el tiempo. Does anybody here remember Vera Lynn? Remember how she said we will meet again, some sunny day.

 La caída del Muro de Berlín fue un parteaguas histórico. Representaba el fin de la Guerra Fría y el inicio de una era postsoviética. “Es el fin de la historia”, vaticinaban comentaristas partidarios de un occidente hecho a imagen y semejanza de la superpotencia estadunidense. Un mundo unipolar, en el que la democracia liberal ya no contaba con rivales ideológicos. I have become confortably numb.

A 23 años de la caída del Muro, ¿cuántos muros más se han levantado? ¿cuántos pueblos han quedado irremediablemente atravesados por disputas políticas, étnicas o religiosas? En un artículo recientemente publicado, (disponible en español en http://www.lazurda.mx/?p=469),  Mikhail Gorbachev, impulsor de procesos de reforma profundos en ha Unión Soviética, se pregunta si realmente es más seguro el mundo tras la caída de la Unión Soviética. Mother do you think they´ll drop the bomb (...) Mother should I build a Wall (...) Mother should I trust the government (...) Mama´s gonna make all of your nightmares come true...

En resumen, Gorbachev responde que “el mundo sin la Unión Soviética no se ha vuelto más seguro, más justo o más estable. En vez de un nuevo orden, estamos atravesando por turbulencias globales, en un mundo a la deriva en mares desconocidos”. Did you see the frightened ones? Did you hear the falling bombs? Did you ever wonder why we had to run for shelter when the promise of a brave new world unfouled beneath a clear blue sky?

Sí, cayó ese muro de la vergüenza, pero otros tantos se mantienen en pie y otros más se han cimentado. Unos visibles, de concreto, y otros que no por intangibles dejan de separar. En la frontera norte de México se extiende un muro a lo largo de cientos de kilómetros; el despojo al pueblo palestino ha levantado muros que aíslan a poblaciones enteras; los saharauis viven en campos de refugiados sorteando los pesares de muros de sol desértico y de sus alrededores minados. Estas paredes comparten una erguida arrogancia, la firme predilección al aislamiento, a no querer comprender al otro, al diferente. But it was only fantasy, the Wall was too high as you can see, no matter how he tried he could not break free, and the worms ate into his brain.

Durante la primera década del Siglo XXI –prosigue Gorbachev–, los presupuestos militares de EUA representaron casi la mitad de los gastos del mundo en fuerzas armadas. Una superioridad militar tan abrumadora de un país, hace imposible un mundo libre de armas nucleares.  All in all is just another brick in the Wall.


Ciudad de México, noches del 27 y 28 de abril de 2012.- Refugiados del rock and roll, músicos veteranos con canas de vivencias liderados por Roger Waters –un exiliado que sobrevivió a la caída de Pink Floyd–, toman la escena chilanga. Con la misma vitalidad y emoción que en su juventud, portan en sus cuerdas un mensaje. Están plenamente conscientes del terreno que están pisando. Saben que sobre este suelo no ha parado de correr sangre; conocen y comparten nuestro dolor ante la violencia, ante los más de 60 mil muertos con nombre, apellido y familiares que les lloran. En este país los padres están enterrando a sus hijos. De pronto, en el recuento biográfico de las víctimas de ésta y muchas otras guerras, aparece en las gigantes pantallas un nombre: es el de Juan Francisco Sicilia, cuya muerte despertó una indignación estremecedora. Esa indignación se refleja por momentos en el eco de un grito cuyo origen se remite a la Segunda Guerra Mundial, pasa por Vietnam, Irak, y llega más vivo que nunca a nuestros días. Bring the boys back home, Don´t leave the chidren on their own, Bring the boys back home. Los queremos de vuelta.

En la escena desfilaron muñecos tétricos, antihéroes fascistas, alteregos nefastos, la añoranza de Waters por el padre caído en la guerra, delirios, sentimientos entremezclados de lujuria, depresión, aislamiento, aprisionamiento, todos ellos amalgamados por las debilidades más hondas de un ser atormentado. Finalmente cae el muro. De sus restos emerge una energía liberalizadora. Entre los restos, con el polvo aún levantándose y madrigueras posbélicas encendidas por doquier, se encuentran los sobrevivientes. Una banda agotada, casi con huesos fracturados e instrumentos rudimentarios, se despide de un público atónito, que poco a poco va aterrizando. Después, en la salida del concierto, se yerguen hos muros metafóricos de siempre. Pero muchos captan la señal de reemplazar en nuestra arquitectura social los muros por puentes. Puentes de entendimiento, puentes de comprensión. Together we stand, divided we fall.  




miércoles, 25 de abril de 2012

30 segundos de spotiza

Alejandro Encinas Nájera Irritación, cansancio, monotonía. Tal es el diagnóstico del malestar ciudadano en una democracia que se niega a debatir y cuyos aspirantes en su mayoría elevan sus plegarias en el altar televisivo. Hoy, las campañas por “aire” (no me refiero a las flotas aeronáuticas de Peña Nieto, sino a los mensajes televisivos) tienen mucho mayor penetración que las campañas realizadas a ras de tierra. Y es que alrededor del 96% de los ciudadanos se informan del acontecer político a través de la televisión. En comparación, un mítin abarrotado en el zócalo capitalino con una asistencia de un millón de personas, es decir, alrededor del 1% de la población total del país, se considera, y con razón de sobra, un éxito rotundo. Bajo este contexto, los medios de comunicación desde hace tiempo cuentan con todo el potencial tecnológico para robustecer la democracia y elevar la calidad informativa. En vez de ello, han contribuido a envilecer la política. Más que fungir como vigilantes y contrapoder, nutren el escándalo y se mimetizan con el gobierno en turno. El rating es su máxima irrenunciable. El damnificado en este tránsito a la democracia de audiencias (para utilizar el afamado concepto de Bernard Manin) es el programa político,o sea, la auténtica confrontación entre distintos proyectos de país. La “democracia spoteada” es un elemento fundamental para reproducir este modelo tan conveniente para el status-quo. Para este proceso electoral, se ha preparado un bombardeo ininterrumpido de cápsulas de 30 segundos en radio y televisión. Tomando en cuenta los tiempos de precampaña y de campaña, tan sólo en el ámbito federal (presidente, senadores y diputados), en total se transmitirán en 2335 estaciones de radio y televisión, 22 millones 268 mil 895 spots, equivalentes a 275 mil 426 por día. Para colmo, con el afán de manifestar de manera desafiante y soberbia su inconformidad con la última reforma electoral, los concesionarios difunden en el mismo corte comercial, uno tras otro, los anuncios de los diferentes partidos, lo cual abona aún más en el hartazgo del público. Si la disputa del 2012 se dirimirá en gran medida en una espiral de mensajes de 30 segundos (o al menos eso es lo que la derecha quiere), considero fundamental analizar el tipo de comunicación política de cada uno de los contendientes. Esto es, reflexionar sobre sus estrategias, demandas, mensajes y responder a qué apelan y a quién se dirigen. Enrique Peña Nieto: El Barbie & Ken Mexican Tour.- Desconozco a qué pareja presidencial pretende emular el candidato priísta: si a Jaqueline y John F. Kennedy, o a López Portillo y Sasha Montenegro. Quizás lo más cercano a este caso, por su banalidad y estética, es el enlace de Barbie y Ken. Como estos muñecos, un día el candidato se disfraza de chamula, y al siguiente día lo vemos con guayabera; en el norte va de sombrero, pero eso sí, cuando va al sur no usa huaraches, porque eso no es vestir a la moda. Como un pop star, Enrique no va de camapña, sino de tour en aviones privados y ambientes controlados, siempre acompañado por quien está encargada de la sección lo que no se vio en el reality show: La Gaviota. Cuando vi por vez primera sus spots, los relacioné inmediatamente con la canción México en la piel, interpretada por otra de sus inspiraciones: Luis Miguel (http://youtu.be/a1UICBawujs). Más allá de los mensajes huecos -hasta dicha canción dice más del país que Peña Nieto-, en términos de comunicación política hay una estrategia muy interesante. Se trata de una campaña segmentada, como un menú a la carta para cada uno de los estados ( véase como ejemplo el spot de Quintana Roo, en http://youtu.be/4oeXeVx5JM4). Esta segmentación se enlaza y conforma una totalidad cuando tales mensajes confluyen con el spot transmitido en cadena nacional, el cual consiste en Peña Nieto caminando por lugares emblemáticos del país (http://youtu.be/xkG-cUWBG-s). De esta forma, su campaña también le ha dado continuidad a su promoción como gobernante del Edomex, prolongando el festejo bicentenario: “Así se siente México, así se lleva México...”. Lo mismo pero más barato.- El Partido Verde, aliados de Peña Nieto, ha discurrido por un rumbo alarmista y amarillista. Apelan a las pulsiones más negativas y vengativas que habitan en la sociedad mexicana. Con todo y voces de ultratumba, utilizan un tono similar al de una película de terror para promover medidas como la pena de muerte o el desmantelamiento de funciones irrenunciables para el Estado, como la salud pública (http://youtu.be/0zZaHEHSa30). Culminan demandando: “Si el gobierno no puede, que te las pague”. Lo que no dicen es que de preferencia las medicinas te las paguen en las Farmacias Similares del Doctor Simi, nada menos que el hermano del fundador de estos ecologistas sui géneris. Josefina, ¿Diferente?.- Tropiezo tras tropiezo, Vázquez Mota sigue caminando en la contienda. Llama la atención que el centro de su campaña sea la palabra “diferente”, cuando sus propuestas son calca de lo que prometió Calderón en 2006 (http://youtu.be/nPk-YtiKewc). En sus anuncios, la “candidata a presidenta” se ostenta como una figura severa, dura, al grado de fingir su grave voz. Dice que no sólo tendrá las faldas bien puestas, sino también los pantalones. Esto quiere decir que de llegar a la presidencia, la primera mujer en hacerlo se compromete a reproducir el tipo de dominación patriarcal. Por lo demás, la campaña negativa implementada ahora en contra de PRI, es la misma receta del consultor Antonio Solá que probó su éxito en 2006. Sólo hay dos excepciones de fondo. La primera de ellas es que se basa en pruebas verificables y no en injurias y difamaciones como las que se expresaron en contra de Lopez Obrador hace seis años. La segunda es que no cuestiona los puntos de vista de Peña Nieto en torno a ámbitos de suma relevancia como la economia, la estrategia de seguridad o la regulación del sector financiero, porque el PAN ofrece exactamente lo mismo. Por eso se concentran en decir que no cumplió sus compromisos. Asi, el debate en el que debería dirimirse el rumbo del país durante los proximos seis años, se concentra en discutir si Peña Nieto remodeló una sala de usos múltiples o si le puso pasto a una cancha de futbol (http://youtu.be/x_V0wTW2zoY). Quadri: hippie de derechas y con corbata.- Tan tristemente vacías han estado la mayor parte de las campañas, que quien le ha metido sazón al asunto ha sido este candidato improvisado de última hora. Detrás de los partidos de bádminton, la búsqueda de votos bajo el mar y demás disparates para atraer la atención, está un ambientalista que pregona una política sustentable como la de Wall Mart, un miembro de la patronal a la cabeza de un partido que supuestamente representa los intereses del magisterio, un luchador en contra de la corrupción que solapa a Elba Ester Gordillo; en fin, un candidato “ciudadano” harto de los mismos de siempre, pero que se se rehusa a publicar su declaración patrimonial. Eso sí, viaja en una combi bien buena onda (http://youtu.be/SJhw1L3XhY4). All you need is AMLOve.- Sin duda, al candidato que le afecta más esta modalidad de campaña es al único que cuenta con propuestas de cambio, mismas que son imposibles detallar en 30 segundos. Ante la necesaria reconciliación nacional, López Obrador estira su mano franca (http://youtu.be/4EuenkoFKlo). Sus spots consisten en reponer el desgaste de su imagen causado por la ácida y sistemática crítica a las movilizaciones populares a las que convocó a partir del conflicto poselectoral. Incluso pidiendo disculpas, se pretende trasladar en el imaginario público al López Obrador de la protesta de calle, al López Obrador gobernante, que trabaja en despachos de gobierno, que en su haber tiene rotundos logros, sobre todo cuando estuvo a cargo del gobierno de la ciudad de México (http://youtu.be/PwdBh4PrqXE). A tal grado ha llegado su concesión a quienes no piensan como él, que en su República Amorosa ser de izquierda consiste en ser honesto y tener buen corazón. Deja a un lado todo componente que distingue a la izquierda libertaria de posturas como la democracia cristiana o la de quien profesa, con auténtica fe, alguna religión: personas que seguramente también tienen buen corazón. Recapitulando, en 30 segundos se pretende convencernos del rumbo que el gobierrno habrá de adoptar cuando menos durante los próximos seis años. ¿Es imposible salir de esta espiral? No. Contamos con herramientas como las redes sociales, en donde día a día ciudadanos críticos nutren de contenido el debate. El desafío es entonces que ese comportamiento sea viral; que contagie a aquéllos que no tienen acceso a las TICs, que salga a las calles y sobre todo que se exprese masivamente en las urnas.

¡A debatir!

Alejandro Encinas Nájera La democracia es la institucionalización del conflicto por vías civilizadas. Es por esta razón que el debate es consustancial a este sistema. El silencio, la falta de información y el temor al disenso, son características propias de regímenes autoritarios. Sólo a través del contraste, confrontación y cuestionamiento de ideas entre contrarios, es como el electorado tiene la posibilidad de tomar una decisión informada. Por eso es insólito que en nuestro país sea tan complicado realizar un debate. Los punteros suelen rehusarse argumentando que serían el centro de los ataques. Sorprendentemente dejar tribunas vacías, espacios sin habla y debates sin controversia, representa un elevado costo que muchos están dispuestos a pagar. Así lo hizo Andrés Manuel López Obrador hace seis años cuando iba en primer lugar en las encuestas. Ahora ha aprendido del error cometido en el pasado y no sólo está dispuesto a debatir, sino que ha propuesto que el tiempo destinado a los spots sea reemplazado por espacios para debatir, uno por uno, los temas que acaparan la agenda pública. Tal propuesta, de haberse tomado en cuenta, hubiera elevado drásticamente la calidad de nuestras elecciones. Pero evidentemente esta iniciativa no fue del gusto de Peña Nieto. ¿Y qué decir de Josefina Vázquez Mota? Como es bien sabido, ante la invitación de la periodista Carmen Aristegui a asistir al debate que está organizando en su noticiero matutino, la candidata panista condicionó su afirmativa a que Peña Nieto estuviera presente. Llama la atención que con esta decisión se ha supeditado a la estrategia de una campaña ajena. Además, al reducir por completo la presión a Peña Nieto, le hace tremendo favor. Rechazar el debate es subestimar la inteligencia del electorado. Es pensar que con spots y jingles pegajosos se puede ganar una elección. Frente a esta actitud, muchos ciudadanos en Twitter manifestaron a lo largo de estos días un planteamiento contundente: quien le tiene miedo al debate es porque carece de ideas. Una cuestión sustantiva para las elecciones presidenciales en México es lograr que los debates dejen de ser aburridos y acartonados. Pareciera que los candidatos simplemente se reúnen en el mismo lugar para que cada quien por su lado presente una cápsula de dos minutos con sus propuestas, como ocurrió en los debates de las elecciones de 2006 (http://youtu.be/B27nksAYW-o). Esta compilación de monólogos es lo que tiene que evitarse a toda costa. Abundan ejemplos a nivel internacional sobre formatos de debate que fomentan el intercambio de puntos de vista, una discusión a fondo y que permiten que salgan a relucir los flancos vulnerables de cada uno de los contendientes. Es el caso del debate entre Sarkozy y Royal del año 2007 (ver: http://youtu.be/NKXDq1PeM4A). Ahí cada uno de los participantes tiene una determinada cantidad de tiempo –cronometrado a la vista de todos– para exponer sus planteamientos como mejor le convenga. Se permiten interrupciones y discusiones, mientras que los moderadores se limitan a encauzar los temas. Incluso en Estados Unidos, un país en el que el espectáculo ha reemplazado a la tribuna, los debates son mucho más frescos y rigurosos. Hasta en la cuna del marketing político y las campañas negras, es impensable que los candidatos se nieguen a debatir. Las desbordadas expectativas que levantó Obama no podrían entenderse sin sus dotes retóricos y su habilidad para salir airoso de los cuestionamientos de sus adversarios. Para muestra, basta revisar el debate en las internas demócratas entre Obama y Clinton (http://youtu.be/opNmTcTwFp0). Como puede observarse, incluso entre compañeros de partido es bien visto que existan diferencias, y no temen debatir en presencia de un vasto auditorio. La baja calidad de los debates en México y la indisposición de los candidatos a someterse a esta prueba vital, refleja el estado raquítico en el que se encuentra nuestra democracia. Porque el desconocimiento, los prejuicios y la desinformación sólo pueden remediarse con información, es fundamental que la ciudadanía exija la realización de tantos debates como temas haya que abordar en la agenda pública.

Legalidad electoral: ¿Triunfo de la impunidad?

Alejandro Encinas Nájera La democracia mexicana es una de las más caras en el mundo. Sus altos costos económicos y el enorme esfuerzo humano que ha reclamado, son consecuencia de años y años de desconfianza ciudadana en la organización de las elecciones. Es comprensible: nuestro pasado ha estado repleto de fraudes electorales. Hay que recordar que las elecciones hasta hace poco tiempo no eran más que formalismos, meros rituales a los que se asistía con ganadores y perdedores previamente determinados, y en los que el voto tan sólo era un accesorio decorativo. La celebración periódica y puntual de los comicios dotaba al régimen autoritario priísta de dinamismo y movilidad. Los grupos políticos dentro del partido oficial que no estaban en el poder, sabían que si mantenían la disciplina, seguían las reglas no escritas y obedecían la línea jerárquica, eventualmente serían premiados a través del mecanismo autoritario de la rotación de élites, el cual estaba empatado con el calendario electoral. A esa función estaban confinadas las elecciones en el país. Transitar de un sistema no competitivo de partido hegemónico, a uno plural y competitivo, requirió diseñar un modelo electoral que posibilitara contiendas equitativas. Para ello, a través de sucesivas reformas se fue dando forma a un entramado institucional, cuya finalidad sería garantizar la independencia, imparcialidad y no injerencia de los poderes públicos y privados en la organización y calificación de las elecciones. La desconfianza es uno de los elementos que generan mayores costos en una democracia. Para mitigarla, se buscó blindar minuciosamente cada etapa de la elección. De principio a fin, el Sistema Electoral Mexicano se sustenta en la suspicacia: credencial para votar con fotografía, revisión exhaustiva del padrón de electores, boletas infalsificables, capacitación de un ejército de funcionarios de casillas, conteos rápidos, PREP, conteos distritales, mantenimiento permanente de una amplia burocracia; todo esto se financia con recursos públicos que bien valdría la pena erogar si efectivamente se erradicara la desconfianza. Debido a los enormes esfuerzos, a las décadas de lucha por el reconocimiento de la pluralidad política y el derecho a disentir, y a los capitales invertidos en cimentar la democracia en el país, lo menos que se le puede pedir a las autoridades electorales es que estén a la altura de sus responsabilidades. En 2006 no lo estuvieron. La consecuencia es que gracias a la irresponsabilidad de los titulares del Instituto Federal Electoral (IFE) y del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), la incipiente confianza que la ciudadanía había depositado en los procesos electorales fue socavada. Seis años han pasado de aquellas elecciones que constituyeron un parteaguas en la historia política nacional y que abrieron una honda herida en el tejido de la sociedad mexicana que aún no ha logrado cicatrizar por completo. Ahora el país se encuentra inmerso en el proceso electoral del 2012. Podemos anticipar que más de 40 millones de mexicanos acudirán al llamado de las urnas. Si bien la disputa se centra en la Presidencia de la República, también están en juego 128 senadurías, 500 diputaciones federales, la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal, las gubernaturas de Tabasco, Chiapas, Guanajuato, Yucatán, Jalisco y Morelos, más de 500 ayuntamientos, 16 jefaturas delegacionales y más de 360 diputaciones locales. Para los comicios se instalarán alrededor de 130 mil casillas, a cargo de más de 900 mil ciudadanos. También participarán miles de representantes de cada uno de los partidos políticos, así como observadores nacionales e internacionales que supervisarán la limpieza de estos comicios relevantes. En suma, asistimos a unas elecciones multitudinarias, complejas, determinantes, que posiblemente tendrán un elevado nivel de competitividad y que no estarán exentas de conductas ilegales y antidemocráticas por parte de diversos actores involucrados. Sin embargo, el entramado normativo e institucional dentro del cual se realizaron las controvertidas elecciones del 2006, permanece casi intacto. Si bien la última reforma electoral, consecuencia de tal proceso, tuvo aportaciones importantes –como impedir la contratación de tiempo en los medios de comunicación a los partidos políticos–, también conllevó a severos retrocesos, como los candados a las coaliciones o la reducción de los tiempos de campaña –factor que beneficia al candidato con mayor influencia mediática. Aunque por fortuna la era de Luis Carlos Ugalde en el IFE ha quedado en un pasado ominoso, la mayoría de los titulares del IFE y del TEPJF aún adolecen del mismo vicio de origen que sus antecesores: deben su cargo a algún grupo político, no a sus méritos y capacidades. Por todo lo anterior, lo más preocupante de cara a las elecciones de 2012 es que de manera dolosa, en el Sistema Electoral Mexicano prevalecen averías y flancos vulnerables que, bajo el contexto desfavorable que se aproxima, podrían abonar en el descrédito ciudadano a la vía democrática. La conjugación de los factores hasta aquí mencionados ha asegurado la permanencia de la principal perversión en el Sistema Electoral Mexicano: resulta más rentable violar las leyes que acatarlas, puesto que el castigo por no cumplirlas es mucho menor que el premio. Por ejemplo, en las elecciones de 2006, a pesar de que los magistrados que calificaron las elecciones reconocieron violaciones flagrantes a la ley (como la injerencia del entonces presidente Vicente Fox o la campaña sucia contra López Obrador auspiciada por algunas cúpulas empresariales), avalaron el triunfo del grupo que las cometió. Hace seis años, el fallo del TEPJF fue una invitación a los futuros competidores a transgredir las leyes. En este argumento coincidieron analistas como Julio Scherer Ibarra y Miguel Ángel Granados Chapa. El primero de ellos consideró que el mensaje que envió el Tribunal es que los partidos pueden cometer abuso en los gastos de campaña, porque si ganan las elecciones, lo único que podrá suceder es que la autoridad administrativa (IFE) los sancione, en el entendido de que dicha sanción será exclusivamente de naturaleza económica, pero el abuso en el gasto de campaña no implica perder aquello que ganó con ilicitudes. Y completa: al reconocer la ilicitud, para después minimizarla, establece un grave precedente imposible de soslayar: que violar la ley no tiene consecuencias en tanto no se puedan medir los efectos del delito. De tal modo, las ilegalidades pueden ser convalidadas. En el mismo sentido, para Granados Chapa, a través de sentencia del Tribunal del 2006, se confirmó la cínica tesis de que violar la ley es buen negocio, pues aún considerando el monto de la sanción (cuando la hay), es mayor la ganancia que se obtiene. De tal modo, la infracción se justifica. El mensaje de Tribunal fue: viola la ley con medida y con cuidado, con sigilo de preferencia y, sin riesgo, alcanzarás tus propósitos. Siguiendo el ejemplo de Eruviel Ávila en tiempos de campaña en el Estado de México, Enrique Peña Nieto ha captado la invitación del Tribunal al pie de la letra. En cuestión de horas retacó las calles y carreteras de todo el país con propaganda y costosos anuncios espectaculares. Al paso que va, dentro de unos pocos días estará rebasando los topes de gasto de campaña. Y eso que esto apenas va empezando. Lo que estuvo en el fondo de las elecciones del 2006 no es un asunto menor. El Tribunal premió a quien transgredió la ley, castigando así a quien la cumplió. Esto trajo como resultado el triunfo de la impunidad. Para el catedrático Agustín Basave, la corrupción se generaliza cuando es funcional. Ello ocurre cuando es mayor el beneficio que el costo de la deshonestidad. Es, por desgracia, nuestro caso. Por lo tanto, en 2012, el gran desafío de las instituciones encargadas de poner en marcha los procesos electorales es crear las condiciones objetivas que hagan inconveniente y contraproducente el acto ilícito. El emplazamiento a los partidos para que cumplan con la opción afirmativa de género, ha sido un buen punto de partida. La ley electoral no es sugerencia, carta de buenas intenciones o manual de buenos modales. Tiene que cumplirse por todos los competidores. En conclusión, en tanto no se remedie la perversión de los incentivos para cumplir con la ley, y no se impongan castigos ejemplares y se sancionen a los responsables de las ilicitudes, los competidores racionales, al elaborar un cálculo (medios-fines) no van a encontrar razones suficientes para apegar sus acciones al marco normativo.