miércoles, 1 de septiembre de 2010

La opacidad


Alejandro Encinas Nájera

Durante muchos años el 1 de Septiembre era el día en el que se rendía pleitesía al presidente. Con un Congreso monocolor, el Informe era un mero ritual republicano de aclamación unánime. Esta realidad fue cambiando conforme el Poder Legislativo fue abriendo las puertas a la pluralidad política. Emblemáticas fueron las primeras interpelaciones de la oposición a una figura presidencial que iba despojándose de su carácter intocable. Todo aparentaba que transitábamos hacia un régimen de equilibrios y de rendición de cuentas, propio de una democracia. Lamentablemente Vicente Fox, al fungir como impulsor del desafuero del AMLO y jefe de campaña de Felipe Calderón, dilapidó la investidura presidencial y truncó este trayecto.

Hoy, en vez de haber arribado al destino deseado, nos encontramos estancados en un fango en el que si bien los legisladores ya no son los levantamanos del Ejecutivo, carecen de la capacidad y de las condiciones para llamarlo a que acuda a una auténtica rendición de cuentas. Calderón prefiere rendir su Informe de Gobierno ante las cámaras de las televisoras privadas, que ante las Cámaras parlamentarias. Con esas acciones, cree resuelta su obligación constitucional En spots de 30 segundos nos pinta un país que tan sólo se vislumbra a través del cristal de sus anteojos. Más que a un Informe, asistimos a una campaña proselitista.

En conclusión, sería inaceptable restaurar el antiguo ritual priísta, pero a la vez se deben crear nuevos mecanismos para que el titular del Ejecutivo asista a rendir cuentas no sólo una vez al año, sino tantas veces como sea requerido. Así funciona en muchos sistemas políticos europeos y no hay razón ni condena para que en México eso no sea viable.

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viernes, 13 de agosto de 2010

Esclavos del BlackBerry

Me cuesta confesarlo, pero ahí les va: me llamo Alejandro y soy adicto al Black Berry. Bueno, quizás he exagerado un poco, pero ahora que he atrapado tu atención, considero indispensable que reflexionemos en torno a una tecnología que ha alterado la forma en que nos relacionamos, concebimos tiempo y espacio y sobre todo, que ha transformado –que no es lo mismo a revolucionar– las telecomunicaciones. Eludo usar el término revolucionar, pues esto presupone progreso, avance, y no estoy muy seguro de que el Black Berry contribuya en ello.

Para quienes no están familiarizados con este infernal aparato, basta comentar que se trata de un teléfono celular con Internet incluido, mensajería entre blackberristas sin costo adicional, correo electrónico, GPS y redes sociales como Twitter y Facebook (lleva a todos tus amigos en el bolsillo, reza la propaganda). Los empresarios han logrado colocarlo como un objeto que confiere status social: “¿No tienes Black Berry? Uff, entonces, ¿cómo nos vamos a contactar?” O en su defecto, “Ok, nos vemos luego, mándame un mensajito por el BB Messenger”.

Todos nos sentimos muy modernos con nuestra “oficina móvil”: ¡qué maravilla poder estar de vacaciones despachando como si estuviera en la oficina! ¿Seguros? O mejor dicho, los asuntos del trabajo, como el karma, me persiguen a donde quiera que voy. Lo cierto es que con este celular, los usuarios están permanentemente localizables por su novi@, jef@ y demás @rrobas. La ciencia ficción del Gran Hermano que todo lo ve, del escritor británico George Orwell, al fin materializada. Sus inventores bien lo sabían. Con lujo sarcástico lo bautizaron Black Berry. Cuenta la leyenda urbana que en los tiempos de las grandes haciendas algodoneras del sur de lo que ahora conocemos como Estados Unidos, así se les conocía a las bolas metálicas que se encadenaban a los tobillos de los esclavos africanos para que no escaparan de la explotación laboral. Después de conocer esta metáfora, ¿nosotros los blackberristas nos seguiremos sintiendo tan sofisticados?

Hay quienes aseguran que ésta es y será una tecnología destinada exclusivamente a una élite. Están equivocados. Recordemos que tan sólo hace quince años atrás, cuando los celulares se asemejaban a un tabique o a una arma blanca y sólo las familias de alcurnia podían darse el lujo de pasearse por los shopping malls con tremendo aparato causante de problemas ortopédicos, se pensaba lo mismo. Hoy en México hay más de 80 millones de líneas de celular.

Ya Arnoldo Kraus lo ha anticipado: “La epidemia Blackberry es una amenaza. Despersonaliza, aleja a las personas, impide el contacto físico, consume tiempo, es altamente contagiosa y enemiga de la reflexión.” Es desesperante compartir una taza de café con alguien que no te presta atención, que su mente está concentrada en un chat en su pequeña pantalla (me he cachado haciéndolo). Despoja de todo encanto al encuentro amistoso y a la sobremesa. Nunca en la historia de la humanidad se le había dado tanto uso a los dedos pulgares de la mano como ahora que millones teclean maratónicos mensajes. Pese al asombro de los darwinistas, no descartemos que en la siguiente era nos salgan tentáculos en los dedos gordos.

En suma, el Black Berry (para empleados productivos) y el I Phone (para jefes ociosos), pueden ser herramientas de trabajo y comunicación muy útiles. Lo que en verdad preocupa es que el objeto poseído termine por poseer a quien se jactaba de ser su dueño, y que el invento termine devorando a su creador.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Las buenas conciencias


Alejandro Encinas Nájera

Advertencia: el siguiente artículo puede provocar, o en su defecto incrementar trastornos en las “buenas conciencias” de la sociedad mexicana. Se sugiere discreción.

Inaudito es una palabra que se queda corta para describir los actos de homofobia, misoginia y racismo que a diario ocurren en nuestro país. Inaceptable es un término que no alcanza para demostrar la indignación ante esta doble moral: el territorio nacional bien puede bañarse en sangre prevaleciendo un estado de total impunidad, pero que a una mujer indígena que fue violada no se le ocurra abortar porque ahí sí se aplicará todo el rigor de la ley; los asesinatos a gente inocente (conocidos en el argot oficial como “daños colaterales” en la guerra contra el narco) pueden ocurrir a plena luz del día en lugares de afluencia pública, los decapitados aparecer en avenidas principales y los mensajes de terror leerse en los puentes peatonales, pero que a una pareja homosexual no se le ocurra darse un beso en público pues el escándalo a la moral es tal que merece castigo público. Algo anda mal en una sociedad que ha llegado al absurdo de perder el pudor ante la violencia y proscribir al escondite las muestras de amor y cariño.

A finales de 2009, el gobierno estatal de Guanajuato prohibió que en los libros de texto se incluyera información sobre salud reproductiva. Lo reemplazó por otro que condena la masturbación como un “placer egoísta”, promueve la abstinencia hasta el matrimonio y desaparece imágenes de los aparatos reproductivos “por incitar a la lujuria”. Bajo estos prejuicios ajenos de un Estado Laico, se conculcó a miles de jóvenes el derecho de informarse sobre cómo se puede llevar una vida sexual sana y responsable. Al mismo tiempo, en 17 congresos locales se aprobaban leyes antiaborto que criminalizaban a las mujeres. El axioma de las “buenas conciencias” en aquella ocasión fue “los preservativos no existen y el aborto es un delito que se castiga con prisión. Si usted fue violada, aguántese como si fuera un hombre de verdad”.

Mientras todo eso ocurría, los legisladores locales del DF se disponían a aprobar los matrimonios entre personas del mismo sexo y su derecho a adoptar. Esto no fue producto de la espontaneidad sino de una larga lucha. Hagamos un breve repaso de los hechos más recientes: dudo que alguna vez en la historia haya imperado el prototipo de estructura familiar que los sectores conservadores tanto invocan: la típica fotografía del papá exitoso, la mamá abnegada, el hijo y la hija obedientes y de fondo una casa en un suburbio. Los fenómenos sociales son mucho más complejos y ricos. El tejido familiar cobra múltiples formas: monoparental, extensa, compuesta, etc. Hasta 2006, la ley desconocía esta realidad. Con la aprobación de la Ley de Sociedad de Convivencia por primera vez se le otorgó un status jurídico a relaciones diversas integradas por personas que pretendían establecer un contrato social que incluyera derechos y obligaciones. Esta reforma de ningún modo aspiró a ser culminante, más bien se planteó a sabiendas de que desencadenaría una larga serie de antesalas y debates para por fin desembocar, sin ambigüedades, en la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo.

Aprobados los matrimonios, lo que se desconocía es que éste era sólo el inicio de un nuevo capítulo de lucha por colonizar nuevas libertades. La reacción fue sorprendente y en cierta medida, divertida: el alto clero anunció que excomulgaría a los diputados que votaron a favor, se irían directito a arder en las llamas del averno, las sotanas salieron a las calles a protestar acompañadas de las familias bien que calificaban a los gays como depravados, hechura contranatura, perversos e inmorales. El gobierno federal se sumó a esta causa como su principal activista. Fue entonces que la controversia constitucional tocó las puertas de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Recientemente este órgano declaró el apego legal del matrimonio gay. Pero no todo está dicho. Mientras se escriben estas líneas, aún no se ha deliberado en torno a la adopción y el reconocimiento de derechos en otras entidades de quienes se casan en el DF.

Que alguien me dé una razón convincente y libre de prejuicios para impedir que dos personas que se aman puedan enlazarse en matrimonio y adoptar. Porque hasta la fecha, los detractores sólo han manifestado irracionalidad, fanatismo y odio. Los matrimonios entre personas que no se aman, sean homosexuales o heterosexuales, esos sí que están mal.

jueves, 29 de julio de 2010

Lápices por fusiles

En el mundo hay 771 millones de personas desprovistas de competencias básicas en lectura y escritura. Tan sólo en la región de América Latina y el Caribe se contabilizan 35 millones de analfabetos; de éstos, 6 millones viven en México (Fuente: UNAM).

A veces las sociedades disimulan o desvían la vista de problemas gravísimos que albergan en su seno. Caen en la complacencia y la simulación para decirse a sí mismas que las cosas van bien. Al negar o no reconocer la asignatura pendiente, se suministra una buena dosis de somníferos para la conciencia, con la reacción “secundaria” y adversa de que se transita en sentido contrario a su solución.

A todos nos debería indignar que en pleno siglo XXI en México no se ha podido erradicar uno de los fenómenos que mayor segregación y asimetrías provoca entre los individuos que conforman una sociedad: el analfabetismo. Incluso en el Distrito Federal viven alrededor de 160 mil personas que no saben leer y escribir. Estamos hablando de un problema anclado en la capital del país, una región de contrastes en donde la tecnología de punta se conjuga con la falta de oportunidades, las finanzas trasnacionales con la marginación, y la sociedad de la información con la deuda educativa. Estrechamente vinculado con la pobreza, la desigualdad y la exclusión, el analfabetismo suele arraigarse en sectores tales como mujeres mayores de 50 años y población indígena. Con ello se nutre y lubrica el círculo vicioso de la inequidad, garantizando la reproducción de la injusticia.

Recientemente el Jardín Hidalgo atestiguó el arranque de la campaña “Analfabetismo 0 en la capital”. Se trata de un esfuerzo que articula a la Secretaría de Educación del GDF con la UNAM y los gobiernos delegacionales y que, como su nombre lo indica, se ha puesto como objetivo sentar las bases para erradicar el analfabetismo en el Distrito Federal. Desde el momento que se lanzó la convocatoria para sumarse a las brigadas alfabetizadoras, los jóvenes, principalmente provenientes de prepas y universidades públicas, fueron los que más iniciativa e interés mostraron. Algunos de ellos ya pusieron el ejemplo al formar comités autogestivos. Han sido experiencias a lo sumo exitosas que deben replicarse. En efecto, lo mejor que podría sucederle a este programa es que la sociedad se lo apropiara e hiciera suya esta impostergable tarea. Que los vecinos pongan sus casas para las sesiones de estudio, que los chavos en la colonia difundan e inviten a otros a sumarse a esta campaña, que la banda encuentre formas originales de autoorganizarse, que se armen conciertos y eventos culturales para su promoción. Esto, aún en estado germinal, está sucediendo en Coyoacán.

Si bien nuestra delegación, con el 1.9 % (9269 personas) no presenta los índices más elevados de analfabetismo en la capital –como ocurre con delegaciones tales como Tlahuac, Milpa Alta e Iztapalapa que alcanzan hasta el 5% de analfabetismo entre sus habitantes– existen zonas que dada la concentración de población analfabeta comparten rasgos muy similares con los casos más apremiantes. En esta situación se encuentran las colonias Santo Domingo, Villa Quietud y el Barrio de San Francisco (Fuente: INEGI).

Desde luego el arranque será una fase complicada. Adversidades habrá y muchas: que faltan recursos, que hay desorganización, la insensibilidad, la desidia, entre otras tantas. Sin embargo, países con severos problemas económicos y estructurales como Venezuela, Cuba y Bolivia han logrado acabar con el analfabetismo. Con ello demostraron que pese a todo obstáculo nuestras aspiraciones son posibles, siempre y cuando pongamos por delante el esfuerzo, la organización y sobre todo, un profundo compromiso con esta causa. En pocas palabras, nuestros principales enemigos serán nuestra falta de imaginación y de voluntad.

En la mayor parte del territorio nacional se libra una absurda guerra cuyo principal insumo proviene de la falta de expectativas y oportunidades: los jóvenes se reclutan del bando de los sicarios o de los militares y son utilizados por sus mandos como carne de cañón. Mientras tanto, en el Distrito Federal se está gestando un ejército de alfabetizadores que ha optado por portar el lápiz en vez del fusil, y por abonar en el conocimiento y repudiar la violencia.


¡Súmate a las brigadas alfabetizadoras en Coyoacán! Para mayores informes marca al 56587060

jueves, 22 de julio de 2010

Día 88

Todo comenzó con la extinción de una empresa. Pero más que un trámite administrativo, fue un asalto tan sólo equiparable con las prácticas de los regímenes más despóticos. Luz y Fuerza del Centro desaparecería y con ella más de 40 mil plazas de trabajo. –Que pongan su changarro y acepten la indemnización, aconsejaba el gorila que hoy tenemos como secretario de Trabajo. Pero no contaba con la ejemplar dignidad de los trabajadores aglutinados en el Sindicato Mexicano de Electricistas. Resistir fue su imperativo ético. Y así, sin trabajo ni ingreso, andando a contracorriente en una sociedad a veces indiferente, abrumada con sus problemas cotidianos, y con un gobierno que enaltece la máxima salinista de “ni los veo ni los oigo”, continúa la lucha de los electricistas por la restitución de su trabajo. Es fundamental aclarar esto: no piden más, pero tampoco van a aceptar menos.

Luego vino la solicitud de amparo. A todas luces la extinción contravenía el espíritu de nuestra Constitución. Pero la Suprema Corte de Justicia decidió por unanimidad renunciar a sus funciones de garantizar la legalidad y prefirió ser un vasallo del Poder Ejecutivo.

Es así como el ingeniero Cayetano Cabrera cumple hoy 88 días en ayuno, situación que lo pone al filo de la muerte. Ni siquiera esta protesta extrema ha estremecido a Calderón y a los suyos. ¿Y qué decir sobre los grandes consorcios mediáticos? Para ellos esta huelga es inexistente. Discrepa mucho de la cobertura que ha merecido el ayuno del disidente del régimen cubano, Guillermo Fariñas. Él sí es un héroe, él sí es un mártir y víctima de un “gobierno autoritario”; Él sí merece primeras planas y reportajes especiales. Es ver la paja en el ojo ajeno y caer en la simulación y encubrimiento de nuestra realidad.

Pese a todo, el SME no va a desistir. Hoy su estrategia va encaminada a que se admita que si bien la empresa ya no existe, el servicio no desapareció, y por tanto, las plazas de trabajo tampoco. Hay un patrón sustituto obligado a garantizar la inserción y los derechos laborales de aquéllos que rechazaron la indemnización.

lunes, 12 de julio de 2010

El escritor de la congruencia

El escritor de la congruencia

Alejandro Encinas Nájera

“Cantamos porque llueve sobre el surco

y somos militantes de la vida y

porque no podemos ni queremos

dejar que la canción se haga cenizas”

(Mario Benedetti, Canción Nueva)

I

“El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir”. En 1998 José Saramago pronunció estas palabras ante la academia sueca tras recibir el Premio Nobel de la Literatura. Se refería a su abuelo Jerónimo, el maestro de su vida, el que más intensamente le enseñó el duro oficio de vivir, el “pastor y contador de historias, que, al presentir que la muerte venía a buscarlo, se despidió de los árboles de su huerto uno por uno, abrazándolos y llorando porque sabía que no los volvería a ver”. Fue por él que su nieto comenzó a escribir. Transformar personas de carne y hueso en personajes literarios -“con el lápiz siempre cambiante del recuerdo”- fue su modo de rastrear sus orígenes, de salvar del olvido a los muertos que le dieron vida y que lo hicieron el hombre que fue.

El pasado 18 de junio, a sus 87 años, el autor portugués murió en Lanzarote, isla en la que rodeado de un clima de familia y afecto, discurrió la última etapa de su vida. Justo en pleno agotamiento moral de un sistema que articula a personas y naciones a través del egoísmo, y que enaltece la acumulación como vía unívoca a la felicidad, se nos fue un autor prolífico de ideas, un defensor a ultranza de la dignidad humana.

II

Además de haber sido un novelista fuera de serie, Saramago fue, en el más amplio sentido de la palabra, un ciudadano. “Yo no puedo negar que tengo una responsabilidad, como ciudadano, como parte de una sociedad. ¿O acaso lo único que sirve es tener y tener cada vez más? Por favor, recuperemos esta idea de que hay que aprender a vivir juntos”.

Entrado en años, su espíritu combativo lejos de claudicar, se fortalecía. En 2003 se sumó a las protestas en contra de la invasión estadunidense a Irak, a esa incursión que calificó como un capricho belicista de “políticos a quienes les sobra en ambición lo que les va faltando en inteligencia y sensibilidad”. Y bajo el lema de “ellos quieren la guerra, pero nosotros no les vamos a dejar en paz”, veía que el emergente activismo transfronterizo se estaba volviendo la “mosca cojonera del poder”.

Saramago estaba convencido de que los seres humanos somos capaces de lo mejor y de lo peor. Militante de la vida, era feliz solidarizándose con las mejores causas: “Es tiempo de meter mano a la más maravillosa y hermosa de todas las tareas: la incesante construcción de la paz. Pero que esa paz sea la paz de la dignidad y del respeto humano, no la paz de la sumisión y de la humillación (...) Ya es hora de que las razones de la fuerza dejen de prevalecer sobre la fuerza de la razón.”

III

"Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran." Tras sus lentes Saramago observaba con preocupación el deterioro y la deshumanización de la convivencia. Ensayo sobre la ceguera versa sobre una sociedad acechada por una epidemia de ceguera. Resguardados en el fuero del anonimato y la impunidad, se desata una embriaguez de mezquindad y vileza, sale a relucir la parte más oscura de la condición humana. Me temo que los personajes no son tan ficticios y que la parábola no está tan alejada de la realidad.

IV

“Soy un comunista hormonal” –responde. Ante la perplejidad del entrevistador, el autor portugués explica: “Imagínese que hay personas que nacen con ciertas hormonas que las dirigen hacia el comunismo (...) Bien, ahí tiene usted el motivo por el que sigo siendo comunista, por una hormona que me impone una obligación ética.”

José Saramago ingresó al Partido Comunista en tiempos en que era perseguido por la dictadura de Salazar. Presenció el desmoronamiento de los marxismos históricos, el ascenso de la unipolaridad, y la orfandad ideológica de las izquierdas. Era escéptico de prever una revolución en un futuro cercano, pues para hacerla “hay que tener ideas sobre lo que se quiere hacer en el futuro, y ahora, como ya hemos visto, las ideas no sobran”.

Sus convicciones hormonales no le nublaban el panorama: “Las izquierdas son campos en ruinas. Son muchas las crisis en el mundo, pero hay una crisis que es la más grande de todas, que es la crisis de ideas. (...) el fracaso de las izquierdas se ve en lo siguiente: la derecha, cuando por motivos de estrategia política se va al centro, pues no por eso deja de ser derecha. Y no engaña a nadie. Pero cuando la izquierda se va al centro, deja de ser izquierda.”

Desencantado por el desdibujamiento y la pérdida de identidad de los partidos que se asumen de izquierda, e indignado por regímenes comunistas que no respetan ese acto irrenunciable de conciencia que es el disenso, José Saramago cimbró sus esperanzas en la proliferación de pequeños movimientos de resistencia ciudadana que se manifiestan en todo el mundo.

Concluyo

Cuando murió su entrañable amigo, el escritor uruguayo Mario Benedetti, Saramago le dio despedida de la siguiente manera: “Son muchas las razones que nos llevan a la lectura de Bendetti. Tal vez la principal sea que el poeta se ha convertido en voz de su propio pueblo. O sea, en poeta universal.” Pues bien, creo que esas mismas palabras se pueden aplicar para despedirse de José Saramago.

lunes, 7 de junio de 2010

Todo sea por el fútbol

Silbatazo inicial. La agonizante espera de 4 años ha finalizado. La euforia mundialista se ha desatado y no existe fuerza capaz de contenerla. Sudáfrica, un país en el que no hace muchos años la minoría blanca segregaba a la mayoría negra, se ha convertido en la sede de una fiesta en la que confluirán razas, culturas y miles de personas provenientes de todos los rincones del planeta. Y cuando se trata de festejos, los mexicanos le entramos con singular alegría. Nos ubicamos en uno de los tres primeros lugares, no en el ranking de la FIFA, sino en la compra de boletos de avión o paquetes mundialistas. A ojos someros de un extranjero, este dato desecharía la idea de que atravesamos por una severa crisis económica, pero basta escarbar un poco para encontrar las deudas o los créditos que nuestros paisanos viajeros contraerán con tal de saciar su pasión. Todo sea por el fútbol.

Siempre me ha intrigado el fenómeno de que millones depositen sus esperanzas en once individuos con los que no tienen una relación personal y a los que probablemente jamás conocerán. Lo cierto es que dentro de los 90 minutos de juego, el archipiélago de clases sociales, etnias, grupos e ideologías que por convencionalismo solemos llamar México, se condensa. Todo queda en vilo, las calles sin transitar, las oficinas se vacían, olvidamos angustias y preocupaciones cotidianas y nos volcamos, sin escala de por medio, a una cantina o a la casa de un familiar o amigo. A partir de ahí, nuestra concentración se enfocará exclusivamente en el esférico que mueve multitudes, esperando impacientemente que cruce la línea y se incruste en la red del equipo adversario. En ese glorioso momento el anotador se convierte en héroe nacional y más de uno postula al director técnico para presidente.

La selección tricolor no la tiene fácil. Arrancará el 11 de junio a las 9:00 am en el partido inaugural contra el equipo anfitrión. Por si esta adversidad fuera poca cosa, Felipe Calderón ha amenazado con asistir, con lo que se corre el riesgo de que les eche la sal. Además, dentro de su grupo se encuentran Francia y Uruguay, ambos campeones mundialistas. A su favor juega la juventud de los seleccionados: el promedio de edad oscila entre los 26 y 27 años. Algunos de ellos son egresados de aquella selección-cantera que en el año 2005 puso en alto el nombre de México al coronarse en el Mundial sub-17. Ahora tendrán que demostrar que además de garra y tesón han adquirido el nivel de competencia para destacar como pamboleros profesionales.

Ojalá que entre tantos problemas que nos acechan como país, la selección nos regale una serie de triunfos y de actuaciones destacables. No queremos “pan y circo” ni “opio para los pueblos”, sino sólo un formidable pretexto para juntarnos con las personas que más apreciamos, sublevarnos contra nuestras rutinas, divertirnos un rato y disfrutar de un gran espectáculo: el mundial de fútbol.

jueves, 20 de mayo de 2010

La Montaña Roja

Alejandro Encinas Nájera

Situémonos un instante en este escenario: Inicio de la década de los 80s, en pleno corazón de la sierra guerrerense se encuentra uno de los rincones más olvidados del país: Alcozauca. La pobreza y marginación no son barreras para que sus habitantes estén concientes de que el orden prevaleciente no es producto del fatalismo: no hay razón para que la injusticia sea injusta, ni el hambre hambrienta. Un buen día deciden desafiar a la hegemonía del aparato, se organizan y masivamente se vuelcan a las urnas para llevar a un comunista a la alcaldía. Se trata de Abel Salazar, proveniente de una familia que sembró su vocación en la lucha popular. Este profesor rural forma parte de una generación de mujeres y hombres de izquierda que pese a las condiciones asimétricas y fraudulentas ofertadas por el régimen, tomaron la decisión de salir de la clandestinidad y optar por la senda democrática. El cambio de paradigma fue abrupto y a lo sumo cuestionado por otras corrientes de lucha: ya no sería el pueblo armado, sino el pueblo sufragante el sujeto predilecto de la transformación social.

El júbilo de aquellas jornadas pronto se vio empañado por el abrumador peso de la realidad. El gobierno del estado haría todo lo posible por impedir que ese foco rojo se esparciera y tiñera del mismo color al resto de la montaña guerrerense. La estrategia se centró en el boicot y el asilamiento. Cuando recibieron el edificio del ayuntamiento sin muebles ni escritorios, es más, sin bombillas, hecho un desierto, sabían a lo que se enfrentarían. Luego lo corroboraron cuando una comitiva bajó a Chilpancingo a recoger el primer cheque con una insignificante cantidad que no alcanzaba ni para el arranque. Dicen que la gente comenzó a implorar que los antecesores regresaran... pero todo lo que se habían robado. Fue contra viento y marea como se fue gestando una tarea aún inacabada: la autonomía municipal.

Desconozco si en aquel instante los 11 mil pobladores de Alcozauca tenían conocimiento de los alcances de estos acontecimientos. No sólo eligieron al primer presidente municipal comunista en la historia contemporánea de nuestro país, sino que demostraron que con organización popular, al oficialismo se le podía vencer en las urnas. En suma, sentaron un hito que no tardó en rebasar aquellas fronteras. En un corte histórico, 26 años después, en 2007, la izquierda gobernaba a más de 25 millones de mexicanos en seis entidades y en 405 municipios. Sin embargo, este espectacular crecimiento cuantitativo vino acompañado de una contraparte: la pérdida cualitativa. El desdibujamiento ideológico, el pragmatismo oportunista, el rumbo perdido, la desmemoria, el no saberse diferenciar claramente de las otras opciones políticas y la adopción de prácticas corporativistas y clientelares que antaño se combatían, son vicios recurrentemente presentes y que traicionan las causas que han llevado a la izquierda a asumir tareas de gobierno.

La última vez que Abel Salazar asistió a un encuentro con sus compañeros de militancia fue en Cuautla, Morelos pocos días antes de su muerte, acaecida el 29 de abril de 2010. Se vio a un hombre fatigado cuyo cuerpo octagenario había sido invadido por una enfermedad terminal que no le impidió tener la frente en alto e ir flanqueado de su fiel compañera, la dignidad. Cuentan los que estuvieron presentes que su sola entereza cimbró y desencadenó la reflexión: o hay ética en el quehacer político, o se deja de ser de izquierda.

martes, 20 de abril de 2010

100 Años de la UNAM: Mosaico de Presente y de Recuerdos


Los estudiantes de una de las tantas viejas casonas que conformaban la UNAM antes de la construcción de Ciudad Universitaria iban al cine Goya a echar el cachún cachún. En buen castellano, quería decir aprovechar la oscuridad de las butacas para ir a echar el novio. Los años transcurrieron y esa frase que anunciaba la pinta colectiva quedó inmortalizada en una porra que en el presente miles de gargantas entonan al unísono para envidia del enmudecido rival.

A 100 años de su existencia, nuestra Universidad es una construcción permanente, cotidiana y sin punto final. Porque más allá de su espectacular arquitectura y sus amplios espacios verdes, la UNAM la hacen sus trabajadores, estudiantes y profesores con su diaria aportación de energía y talento. Mosaico que hospeda vidas, cultura y expresiones. Murales que recuerdan luchas pasadas e interrogan sobre emancipaciones futuras. La raza cósmica y el espíritu que habla, las delicias culinarias del paseo de la salmonela o los psicotacos, los maestros que te marcan de por vida, los libros que tienen algo que decir, las chelas de rigor para olvidar todo lo aprendido en la semana. Los reconocimientos internacionales pese al estrangulamiento presupuestal y los afanes privatizadores, la Sala Nezahualcoyotl y sus conciertos, el cine, la radio, la novia de los primeros semestres, la novia que nunca tuve, la que siempre anhelé. 2 de octubre no se olvida, los movimientos estudiantiles bautizados como “pseudoestudiantes” por la reacción, la libre cátedra, el espacio escultórico, la pluralidad y su contraparte intolerante. El derrumbe de la megalómana estatua de Miguel Alemán para levantar en su lugar el prohibido prohibir y llevar la imaginación al poder. Las cascaritas en las islas, los conciertos en el campo de base ball, el jardín botánico, el convivir más que competir de los Pumitas. Y finalmente el “Sí, protesto” del día de la titulación, frase con la que se cierra un ciclo para permitir que las generaciones venideras tengan el enorme privilegio de ser universitarios.

Quien conozca la UNAM sabe a lo que me refiero. Y quien no, le recomiendo que se acerque a Ciudad Universitaria, ubicada en pleno corazón coyoacanense, oasis del que emana libertad, cultura y conocimiento.

miércoles, 13 de enero de 2010

Retén

Todo aquél que en estas vacaciones viajó por carretera pudo comprobar la implementación de un descomunal despliegue militar. Los retenes son prueba fehaciente de que en el país se ha ido instaurando ilegalmente un estado de excepción. Bajo la justificación de garantizar la seguridad nacional, a los ciudadanos se les suspenden garantías y se les trata como presuntos delincuentes: somos culpables hasta que demostremos lo contrario.

¿Qué sucedería si una persona se negara a la inspección de sus pertenencias? –preguntamos al militar de mayor rango en un retén. En ese caso –respondió –sería remitido al Ministerio Público más cercano. En otra ocasión cuestionamos a un soldado raso si estaba conciente de que no existe decreto u orden por encima de la Constitución y que con su detención estaba violando varias garantías como la libertad de tránsito. En un inicio se limitó a decir que eran órdenes presidenciales, pero ante nuestra insistencia reconoció que su acto era anticonstitucional. En el siguiente retén coincidieron en que el Ejército debería volver a los cuarteles. Ante la falta de oportunidades, especialmente en las zonas indígenas, para muchos jóvenes no queda de otra que reclutarse. Con suerte, muchos de ellos apenas cruzan los 20 años, pero con arma de alto calibre en mano, disponen quién debe ser revisado.

En definitiva, estos operativos no están cumpliendo su propósito formal: mientras tuercen a chavos por encontrarles un porro, los grandes cargamentos de droga y armas se transportan en aviones y lanchas rápidas. ¿O a poco creen que el jefe de un cartel se va a andar paseando por la carretera México-Cuernavaca? Remitámonos a lo obvio: la guerra en contra del narcotráfico ha sido una formidable excusa para militarizar el país. Es sólo un telón que oculta la verdadera intención: intimidar a la población, infundir miedo para provocar la inacción y disuadir levantamientos. El mensaje es claro: quien se subleve encontrará represión implacable como respuesta.

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miércoles, 16 de diciembre de 2009

Las Filípicas

El paquete de reformas al sistema político y al equilibrio entre los poderes del Estado anunciado por Felipe Calderón es su reconocimiento tácito del agotamiento de la representación política y la confesión de su temor al fatalismo histórico que representa el 2010. Con esta acción busca suministrar oxígeno a un sistema moribundo que cada vez genera mayor rechazo por parte de la ciudadanía. Son respuestas estéticas ante problemas complejos y enraizados; una más de las tantas simulaciones para distensar la crispación social. Hay que tener en cuenta que toda modificación a una ley, en especial en materia electoral, es, por definición, parcial y subjetiva, ya que favorece a unos y perjudica a otros, alienta ciertas conductas y desincentiva otras. Veamos:

Calderón plantea la reelección legislativa consecutiva hasta por 12 años, como si ésta fuera la solución definitiva para acabar con el abismo que separa a la clase política de la sociedad. Esto es demagogia. Bajo supuestos de gobernabilidad y ahorro, propone reducir el número de curules, medida que en realidad provocaría una sobrerepresentación de las mayorías y una subrepresentación de las minorías. Otra demagogia. Impulsa incrementar de 2 a 4 el porcentaje de votos requeridos para que los partidos mantengan su registro y gocen de prerrogativas. Esto va con dedicatoria a AMLO, pues PT y Convergencia desaparecerían. Más demagogia. Quiere que en la elección del presidente se requiera mayoría absoluta para tener un ganador, lo cual conduciría a una segunda vuelta en la que PAN y PRI, como suelen hacerlo, se aliarían para conservarse en el poder. Esta medida anularía la llegada de un gobierno de izquierda. Demagogia pura.

Extraña que bajo este “espíritu democratizador”, a Calderón se le haya olvidado proponer la revocación del mandato, una medida que en verdad sometería a los gobernantes a una rendición de cuentas. Pero él vela por sus intereses: si ésta tuviera vigencia, hoy le estaríamos cantando “Las Golondrinas”.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Lumpen

El conflicto en Iztapalapa ha desatado la ambición de la derecha y sus aliados resentidos, que con morboso placer alientan un clima de ingobernabilidad e irritación social. Ante estos acontecimientos, es fundamental aclarar lo siguiente:

1. Que la actual tragicomedia protagonizada por Juanito en nada desvirtúa la insurgencia electoral de los iztapalapenses. Atendamos a esto que la mayoría de los medios está empecinado en ocultar a través de dirigir todos los reflectores hacia un hombre que pudo haber sido recordado como un compañero solidario que supo leer su lugar en la coyuntura, pero que, cegado por su ambición, prefirió asumir el papel de bufón de la derecha. Para la corriente marxista, el lumpen se caracteriza por carecer de conciencia política y ser susceptible de servir de punto de apoyo a la burguesía. En los diccionarios, a lado de su definición, debería estar la foto de Juanito.

2. El 5 de julio de 2009, en esta delegación se sentó un hito en la historia de las elecciones en México. Al asestarle una lección fulminante a un Tribunal Electoral corrompido y escaso de legitimidad, quedó demostrado que cuando la ciudadanía se informa, organiza y participa, no hay margen para que una autoridad imponga una resolución sesgada e injusta.

3. En esta espiral han desfilado traiciones, locuras desenfrenadas e inconsistencias ideológicas. El PAN, que está detrás de todo esto, quiere dañar a sus oponentes sin importar que su irresponsabilidad propague lumbre sobre hierba seca. Es reprobable que la decisión de los iztapalapenses sea irrelevante para aquéllos que sólo piensan en llevar agua para su molino. Ahora que Juanito ya renunció como delegado, la Asamblea, con incidencia del jefe de Gobierno, designará a su sustituto. La única elección aceptable, es la restauración de Clara Brugada, porque así lo ordenan las urnas.
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jueves, 3 de diciembre de 2009

Periodismo en resistencia

I. En un contexto como en el que vivimos, de decadencia de la vida pública y de dramática desigualdad e injusticia, resistir, más allá de ser un derecho, es una obligación ética. La prensa es una trinchera indispensable.

II. En México, al mayoritario periodismo de consigna, adscrito incondicionalmente al régimen, rendido a sus dádivas, se le contrapone uno que compensa su escasez con su valentía. Me refiero a esas voces que no ceden ante las presiones del poder. En un país secuestrado por la violencia, la libertad de expresión es un ejercicio de alto riesgo. En estados dominados por cacicazgos o poderes fácticos, la denuncia pública es castigada con la muerte. En lo que va del año, 9 comunicadores han sido asesinados, ubicando a México en una situación tan sólo equiparable a la de países como Somalia o Irak, éste último, en plena ocupación militar estadunidense.

III. Recientemente me reencontré con La Resistencia, un libro imprescindible y de una tremenda sabiduría, escrito por Ernesto Sabato en el último tramo de su vida. En él nos recuerda una de las máximas aspiraciónes de Gandhi: "La verdadera libertad no vendrá de la toma de poder por parte de algunos, sino del poder que todos tendrán algún día de oponerse a los abusos de la autoridad. La libertad personal llegará inculcando a las multitudes la convicción de que tienen la posibilidad de controlar el ejercicio de la autoridad y hacerse respetar." Más adelante, el autor argentino remata: "Ésta es una gran tarea para quienes trabajan en la radio, en la televisión o escriben en los diarios; una verdadera gesta que puede llevarse a cabo si es auténtico el dolor que sentimos por el sufrimiento de los demás."

IV. Así como hay un periodismo que enajena, miente y subestima la inteligencia de las personas, hay otro que es capaz de despertar conciencias e imaginar nuevos horizontes. Éste es el que vale la pena.

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martes, 1 de diciembre de 2009

Radio para todos

El Martes 24 de noviembre el programa de radio La Netáfora ofreció su última emisión. Seguramente la mayoría de ustedes nunca lo escucharon, pues se transmitía en una estación pequeña de AM. Bajo el slogan “porque pensar distinto se vale”, jóvenes analistas políticos, casi todos egresados de la UNAM, a lo largo de poco más de un año intentamos inyectar pluralidad a un espectro mediático hegemonizado por la derecha. Luego las presiones llegaron. Eran predecibles: la tensión entre el interés periodístico y el empresarial irrumpió en la escena. A fin de cuentas, casi todas las emisoras de radio son empresas. Como tales, persiguen el lucro. ¿Quién querría patrocinar nuestra constante denuncia a la evasión y los privilegios de las compañías? ¿Acaso el gobierno federal, principal patrocinador de la radio en el país, nos mantendría al aire, cuando sistemáticamente lo criticábamos y sustentábamos su ilegitimidad de origen? En la radio mexicana hay libertad de expresión en tanto encuentres quién te la patrocine.

Por coincidencia, el Domingo pasado me topé con una película que aclaró mis perspectivas. The Boat That Rocked, estelarizada por el magnífico Philip Seymour Hoffman, nos remonta a la Inglaterra de 1966, época del auge de las radios piratas que transmitían 24 horas continuas de rock, y que llegaron a tener, según la película, alrededor de 20 millones de radioescuchas. Desde luego, los lores no entendían ni estaban dispuestos a entender el movimiento cultural que emergía de la juventud. Y desde el poder, lo que no se entiende, se teme y se reprime.

Tal suerte han corrido las radios comunitarias en México. Basta recordar que en la zona trique de Oaxaca, dos locutoras del programa La Voz que Rompe el Silencio, que se encargaban de denunciar la violencia de género, fueron asesinadas. Con su lucha demostraron que no hay impedimento tecnológico para darle voz a una infinidad de posturas. ¿Qué esperamos para exigir radio para todos?
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jueves, 26 de noviembre de 2009

Matrimonios

Mientras que el gobierno estatal de Guanajuato proscribe de los libros de texto información sobre salud reproductiva; mientras que en 17 congresos locales se han aprobado leyes antiaborto que criminalizan a las mujeres, suceso que la dirigente del PRI, Beatriz Paredes, prefiere no tocar porque polariza a la sociedad –no vaya a ser que le reste votos; en tanto Fernando Gómez Mont, cual padre orgulloso que saca de su cartera la foto de su hija “cuando aún era una célula” declara que el aborto debería ser proscrito, el Distrito Federal refrenda una vez más que es la región más progresista del país. En la actualidad, sólo en esta ciudad es concebible que esté por aprobarse la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo.

Dudo que alguna vez en la historia haya imperado el prototipo de estructura familiar que los sectores conservadores tanto invocan: la típica fotografía del papá exitoso, la mamá abnegada, el hijo y la hija obedientes y de fondo una casa en un suburbio. Los fenómenos sociales son mucho más complejos y ricos. El tejido familiar cobra múltiples formas: monoparental, extensa, compuesta, etc. Hasta 2006, la ley desconocía esta realidad. Con la aprobación de la Ley de Sociedad de Convivencia por primera vez se le otorgó un status jurídico a relaciones diversas integradas por personas que pretendían establecer un contrato social que incluyera derechos y obligaciones. Esta reforma de ningún modo aspiró a ser culminante, más bien se planteó a sabiendas de que desencadenaría una larga serie de antesalas y debates para por fin desembocar, sin ambigüedades, en la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo. Que alguien me dé una razón convincente y libre de prejuicios para impedir que dos personas que se aman puedan enlazarse en matrimonio. Porque hasta la fecha, los detractores sólo han manifestado irracionalidad, fanatismo y odio. Los matrimonios entre personas que no se aman, sean homosexuales o heterosexuales, esos sí que están mal.
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miércoles, 25 de noviembre de 2009

A 3 años, un balance

“Nos robaron la Presidencia, pero no el derecho de luchar por un país mejor.” Bajo esta convicción, la resistencia civil pacífica ha soportado los embates, adversidades y contratiempos a lo largo ya de 3 años. Los medios oficialistas padecen esquizofrenia: en innumerables ocasiones han vaticinado los funerales del movimiento y la desaparición política de López Obrador, pero al mismo tiempo no dejan de hablar de él. La difamación hacia esta fuerza política no ha tenido paralelo en la historia reciente del país. La tachan de violenta, cuando ante la intolerancia de sus adversarios, en ella ha recaído la responsabilidad de mantener la paz social; dicen que opta por el caos y el colapso, pero el régimen por sí solo se está desmoronando.

En 3 años de claroscuros se han alcanzado logros irrebatibles: se impidió la privatización del petróleo, se conformó una red territorial con más de 2 millones 300 mil delegados, el presidente itinerante recorrió los 2456 municipios del país, se afianzó una base social con una entrega admirable, y fueron los pioneros en anunciar una crisis económica que el autismo gubernamental calificó de catarrito. No obstante, el movimiento haría bien en entrar en un proceso de autocrítica, toda vez que se ha ampliado la brecha que lo separa del resto de la ciudadanía. Entablar una profunda reflexión en la que se aclaren sus objetivos y las vías idóneas para alcanzarlos, reencontrarse con el electorado que en 2006 depositó su confianza en esta alternativa y forjar una amplia alianza progresista son asignaturas pendientes. Ante la diversidad de pulsiones a su interior, es necesario tomar definiciones a través de mecanismos democráticos.

Lo más destacable es que está emergiendo una opción política que no está obsesionada con el cortoplacismo electorero. Sus miras están puestas en la transformación profunda de la vida pública y en la revolución de las conciencias, lo cual toma tiempo. Mucho tiempo.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Corrupción

No hace mucho, un expresidente reconoció que la corrupción es consustancial al funcionamiento del régimen. Ante la ausencia del Estado de Derecho, ésta se vuelve la regla, el factor que lubrica los engranes del sistema. Transparencia Internacional acaba de dar a conocer su Índice de percepción de la corrupción 2009, el cual fue aplicado en 180 países. Al ocupar el lugar 89, México está justo a la mitad del camino que va de Somalia a Nueva Zelanda.

Es una salida fácil concebir a la corrupción como un mal exclusivo de la clase política o de las instituciones. Su realidad es ubicua. Los mexicanos nos mostramos duales ante ella: somos víctimas y copartícipes. Dimensiones aparte, es corrupto tanto quien da una mordida, como el que especula en la bolsa de valores; el que compra una película pirata, y el que establece precios monopólicos del cine; el que transita en sentido contrario y el que desvía recursos de obra pública. Así como hay una corrupción escandalosa en los más altos niveles del poder, también hay una a nivel micro, discreta y cotidiana.

Es de sorprenderse la capacidad que hay en nuestro país para encontrarle averías a la ley. Mientras que la tradición anglosajona se sustenta en la confianza, la nuestra se basa en la suspicacia. Por eso la Constitución de EUA es apenas un listado de premisas, y la inglesa ni siquiera está escrita, mientras que la nuestra es tan densa que podría ser utilizada como arma blanca. El problema es que la desconfianza incrementa exponencialmente los costos públicos: se llega al extremo de crear comisiones para vigilar al vigilante y auditar al auditor.

Para el investigador Agustín Basave, la corrupción se generaliza cuando es funcional. Ello ocurre cuando es mayor el beneficio que el costo de la deshonestidad. Es, por desgracia, nuestro caso. Si la impunidad es su oxígeno, comencemos por invertir los incentivos: que se haga más rentable cumplir la ley que violarla.

martes, 17 de noviembre de 2009

El botín

Dicen los expertos en la materia, que si quieres conocer el verdadero perfil de un partido, no tienes que fijarte en su discurso, sino en su orientación a la hora de votar en qué se van a gastar los recursos públicos. Es en ese momento decisorio cuando salen a relucir las disonancias entre dichos y acciones. Aprobada la Ley de Egresos, es oportuno recapitular algunas hipótesis que se han lanzado desde esta columna:

1. En la votación del presupuesto 2010 se constata que PRI y PAN están dispuestos a llevar hasta sus últimas consecuencias su proyecto de bipartidismo de derechas. Pretenden relegar a las izquierdas a un rol testimonial y así alternarse en el poder y repartirse el botín sin alterar el status-quo.
2. Contradiciendo el significado de la palabra, el sexenio de Calderón duró 3 años. De aquí al 2012, el PRI, en los hechos, asumirá desde el Congreso y los estados el control de la política nacional.
3. Nuestro federalismo ha sido degradado a una suerte de feudalismo. La fórmula mayor autonomía de las entidades = democratización del país, no superó la verificación empírica. Por lo contrario, la descentralización del poder ha fortalecido los autoritarismos regionales.
4. El PRI evidenció impúdicamente las razones por las que apoyó el aumento de impuestos. El próximo año habrá elecciones en 13 estados. El impune Ulises Ruiz y el presidenciable Peña Nieto fueron los más beneficiados. En cuestiones de presupuesto, no hay coincidencias.
5. El voto en blanco fue una propuesta ciudadana, innovadora y legítima, pero que no contempló los efectos perversos que podía conllevar. Paradójicamente, la partidocracia y el corporativismo que se pretendían combatir fueron afianzados. Junto con el abstencionismo, el voto en blanco allanó el camino para que el PRI asumiera el control del Congreso: es la antesala de su regreso a los Pinos. Su único obstáculo: una resistencia plural e incluyente rearticulándose y en crecimiento.
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viernes, 13 de noviembre de 2009

¿Refundar o refundir? II

Prosigo con el tercer problema que enfrenta la refundación del PRD. Las comisiones que se crearon para llevarla a cabo fueron integradas a través del reparto de cuotas entre corrientes. Aunque hay gente destacada, el criterio que prevaleció no fue el del conocimiento en la materia, sino el “tanto tienes tanto vales”. Grave contradicción: lo que se tiene que erradicar se sigue fomentando. El PRD sigue a expensas de los intereses de las fracciones a su interior, las cuales impiden a toda costa que un militante pueda destacar y hacer carrera política al margen de ellas. En el monopolio de los cargos y prerrogativas radica su coto de poder y ninguna de ellas piensa moverse un milímetro. Como Granados Chapa señaló, “la refundación del PRD sólo tiene sentido si está precedida por actos que denoten una verdadera voluntad transformadora”.

La dirigencia del PRD se ha vuelto conservadora. Prefiere perder votos siempre y cuando mantenga una pequeña parcela de poder para seguir reproduciéndose. Los vientos transformadores se enfrentan a una aferrada resistencia. Si casi todos los congresistas que aprobarán los resolutivos están alineados a una corriente, y éstas se rehúsan a reconocer que para que gane el partido, todas tienen que ceder algo, difícilmente se podrá arribar a una vida orgánica en la que se respete la democracia interna, la formación de cuadros y se combata la impunidad.

En suma, no existen los incentivos políticos para que el cambio provenga del interior. Por lo tanto, la refundación, si va en serio, sólo podrá provenir de la presión externa, es decir, de una militancia y una ciudadanía que ante la injusticia y desigualdad que existe en el país, no sólo reclama, sino participa en la construcción de un partido a la altura de los desafíos actuales. Las izquierdas mexicanas (sociales, sindicales y partidistas) seguirán su camino de unificación. De las decisiones que emanen del XII Congreso dependerá que el PRD se ubique en la vanguardia o en la retaguardia del movimiento.

martes, 10 de noviembre de 2009

¿Refundar o refundir?

El PRD ha aceptado encontrarse con su hora fatal: ¿Refundar o refundir? Bajo un supuesto ánimo renovador, del 3 al 6 de diciembre sus congresistas se reunirán en Oaxtepec, Morelos para adoptar definiciones elementales. Cuando menos en el discurso existe el consenso de que seguir por el mismo camino conduciría a la debacle definitiva y a asumir un papel testimonial y marginal que sólo sirva para conferirle al régimen un rostro democrático e incluyente.

Pese al severo diagnóstico, ¿qué hay de viable en la refundación del PRD? ¿El paciente está dispuesto a someterse a un riguroso tratamiento que lo cure? A este proceso lo merodea un escepticismo natural: los fantasmas de la simulación y de la refundación cosmética. ¿Será acaso posible que los mismos actores responsables del estado actual del partido lo conduzcan a su recuperación? Einstein solía decir que es de necios hacer lo mismo y esperar obtener resultados diferentes. Si origen es destino, cabe mencionar que la refundación arrancó con varios errores. En primer lugar, se plantea que lo que se pondrá a escrutinio en el Congreso serán los nuevos documentos básicos. En su redacción se han depositado la mayor parte de las energías renovadoras, cuando el principal problema no es la letra escrita, sino la práctica. ¿De qué sirve hacer el estatuto perfecto si nadie lo cumple? El reclamo se centra en la falta de ética y congruencia en el quehacer partidista y de eso poco se ha hablado.

En segundo lugar, se suponía que las bases serían las impulsoras predilectas de la refundación. Para ello, se organizaron numerosos foros en todo el país a los que concurrieron militantes y reconocidos intelectuales. Los que fallaron fueron la mayoría de los dirigentes, pues estuvieron más interesados en supervisar lo que ocurría en las mesas de negociación entre las corrientes. Al final, los foros destacaron por su crítica y sus propuestas, pero se privilegiaron los acuerdos y resolutivos cupulares. Continúo en la próxima entrega.