viernes, 16 de diciembre de 2011

Morena-je: Indignados y con proyecto


Alejandro Encinas Nájera

Twitter: @A_EncinasNajera

La indignación

En distintas coordenadas del mundo, los jóvenes a través de la acción colectiva han refutado aquel famoso estereotipo –del todo conveniente para los poderes establecidos– que clasifica a la juventud como un sector de la población apático e inmovilizado por definición, el cual inalterablemente se muestra repulsivo a participar en las decisiones públicas. Por ejemplo, el principal insumo de indignación que estremeció las calles y las plazas de la península ibérica provino de jóvenes hartos de una democracia cosmética y asfixiada por un bipartidismo incapaz de representar las pulsiones y los anhelos de cambio de sus ciudadanos. Incluso en países en los que algunos especialistas de Occidente daban por descartado que la democracia pudiera echar raíces, los jóvenes tomaron las calles y utilizaron con una habilidad asombrosa las redes sociales para derrocar a gobiernos autoritarios y con ello abrir la posibilidad de transitar a un régimen en el que el disenso no sea perseguido. En efecto, cuando menos se han abierto perspectivas en torno a que las libertades cívicas florezcan tras el paso de la primavera árabe. Queda también desmentido el mito según el cual no hay izquierdas ni resistencias en Estados Unidos. Wall Street, el nodo financiero de la economía mundial donde se fraguó una crisis económica que aún no deja de surtir sus efectos depredadores, ha sido también el epicentro de masivas protestas en las que los ciudadanos buscan reapropiarse del poder público conculcado por las grandes corporaciones. En suma, el correlato en la narrativa del año 2011 será para la posteridad la palabra indignación.

Después de la indignación, el compromiso

Estos acontecimientos ilustran que más que indiferencia y cinismo, entre amplias franjas de las juventudes se alberga y expande una voluntad colectiva de ejercer una ciudadanía imposible de comprender desde los enfoques tradicionales. Y es que si bien han ido a la baja las formas convencionales de participar en política –como la militancia partidista, el sufragio y la confianza acrítica en los gobiernos–, lo que la academia conservadora y la derecha no ven, o mejor dicho, no quieren ver, es que a la par han emergido nuevas maneras de involucrarse en la arena pública. Esta modalidad de ciudadanía revitalizada, principalmente incubada entre las juventudes, se caracteriza por contar con un mayor nivel de información que las generaciones que la precedieron, mostrarse más escéptica y crítica con la clase política y por ser repulsiva a los principios de jerarquía, disciplina y sumisión que organizan la relación representantes-representados incluso en las democracias más consolidadas. Bajo este escenario es inocultable que una vez más muchos ciudadanos están un paso adelante de sus sistemas políticos. Hoy en día, las instituciones públicas se exhiben plenamente desfasadas y anacrónicas, pues son incapaces de procesar los impulsos democratizadores de amplias franjas de sus sociedades.

Si la indignación se internaliza al constatar las tremendas injusticias, desigualdades prevalecientes, los abusos y la corrupción de la mayor parte de los poderes locales, nacionales y globales, la respuesta se externaliza al asumir el compromiso de replantear el modo en que pensamos y hacemos política. Indignación por sí sola degenera en malestar estéril. Su realización positiva reclama imaginar otros horizontes e incursionar en proyectos alternativos. Se trata de que la política retorne al mejor de sus significados originales, es decir, que deje de concebirse como dominación o capacidad de subyugar, para asumirse como capacidad colectiva para crear y transformar.

Del compromiso debe surgir el proyecto

Todo nace de la insatisfacción. Según las últimas cuentas del Latinobarómetro, sólo el 3.8% de los mexicanos se mostró muy satisfecho con su democracia, en tanto que el 72% manifestó no estar muy satisfecho o de plano nada satisfecho. En gran proporción son indignados en potencia, pero que corren el riesgo de caer en el pesimismo y de ahí, tan sólo hay un paso para la inacción.

En diversos foros, debates y mesas he escuchado la misma pregunta: ¿Dónde están los indignados en México? Lo que no nos hemos dado cuenta como sociedad es que los tenemos en frente, convivimos con ellos todos los días. Los vemos en las calles, en las fábricas, las oficinas, las escuelas, en la economía informal, en el campo, unos luchando por conseguir un empleo y otros absorbidos por un empleo explotador y deshumanizante. Unos son zapatistas, otros reclaman paz con justicia y dignidad, otros enfrentan las corruptelas de sus dirigencias sindicales, otros son activistas que reclaman reformas democráticas, otros acampan en espacios emblemáticos como forma de protesta y otros militan en partidos de izquierda exigiendo que su organización vuelva a ser un instrumento al servicio de las causas populares. En este archipiélago de indignación hay de todo menos uniformidad. A veces entre estos sectores se logra crear lazos de solidaridad; otras tantas la relación se caracteriza por sus tensiones e incluso confrontaciones. Pero hay un común denominador que los amalgama y que se resume en la siguiente frase: ¡Éste no es el país que queremos, construyamos uno nuevo!

Surge Morena-je

Al compromiso le debe suceder la deliberación colectiva. Y finalmente la secuencia de la indignación culmina en acción y pensamiento transformadores. En aras de ejecutar tal secuela nace la organización de jóvenes y estudiantes del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena-je). En primer lugar, tiene el objetivo de sumarse a la mejor de las tradiciones de las luchas y reivindicaciones de nuestro país. Como señala su documento fundacional, la meta es clara: “rescatar de la tragedia nacional a nuestro México con una revolución pacífica, por medio de la organización y la participación del pueblo. Una revolución lenta, pero terca, en donde las conciencias, la vida cotidiana y el espacio público puedan ser transformados verdaderamente, desde la raíz, con una nueva forma de hacer y pensar la política, actualizada a las nuevas realidades y desafíos.”

El segundo propósito es lograr que los jóvenes dejemos de empeñar nuestro protagonismo en un futuro remoto, y que lo efectivicemos en el presente, compartiendo influencia en la toma de decisiones públicas con las generaciones que nos preceden. Lo anterior implica instaurar acuerdos intergeneracionales en los que prevalezca la justicia y la solidaridad a través del diálogo en condiciones equitativas. También implica desechar prejuicios “adultocéntricos” que encasillan a los jóvenes dentro de un nicho de vulnerabilidad al que debe atenderse a través de políticas públicas tutelares. Es fundamental transitar a un paradigma en el que los jóvenes además de concebirnos y ser concebidos como sujetos de derechos garantizados a través de mecanismos de exigibilidad, nos asumamos también como agentes del cambio social.

Se calcula que en México hay alrededor de 33 millones de personas jóvenes, es decir, representamos más o menos la tercera parte de la población. Pese a nuestro peso demográfico, nuestras voces, demandas y reivindicaciones no están siendo del todo escuchadas al momento de delinear los rumbos por los cuales caminan nuestras sociedades. Es claro entonces que sólo a través de la organización podremos visibilizar e impulsar nuestras aspiraciones. Para ello, Morena-je propone principios organizativos democráticos, descentralizados, horizontales, solidarios, plurales e incluyentes, propios de las sociedades-red del Siglo XXI. Se trata de constituir, por un lado, comités a nivel territorial en todos los estados de la República, municipios y delegaciones, y por otro lado, a nivel sectorial, en preparatorias, universidades, escuelas técnicas y CCHs, tanto públicos como privados. La tarea principal de tales comités es impulsar el cambio en el país coadyuvando a despertar conciencias a través del debate y la difusión del Nuevo Proyecto de Nación entre los jóvenes. Se trata de instaurar por la vía democrática y pacífica el primer gobierno de izquierda en el país para que de una vez por todas la administración pública se ponga al servicio de todos los mexicanos y no exclusivamente al servicio de unos cuantos.

Morena-je reconoce la importancia con la cita electoral del año 2012, más aún en una sociedad que aún no culmina su ciclo de transición, pues tal como ocurrió en 2006, aún existen poderes fácticos con capacidad de vetar opciones que afectan sus intereses. Ahí daremos una decidida batalla y las perspectivas son alentadoras. No obstante, esta agrupación también sostiene la convicción de que su actividad lejos está de agotarse en el panorama electoral, por lo que plantea un esfuerzo de largo alcance al margen de la coyuntura que se aproxima.

Así, una asignatura fundamental es impulsar un esfuerzo colectivo a nivel nacional para redactar la Agenda Juvenil para la Regeneración Nacional. Sin duda, somos los jóvenes quienes tenemos la responsabilidad de definir nuestras luchas, causas y derechos. Es lamentable que en el país hasta el momento el tema de la juventud siga abordándose de manera encasillada y segregada. Nuestro propósito es lograr su transversalización a través de todos los ámbitos de la vida pública. Por ello, en esta agenda se contempla incorporar las auténticas preocupaciones de los jóvenes. Más que decir, se trata de escuchar lo que desde todos los rincones del país los jóvenes opinan de temas tan variados y complejos como el derecho a un trabajo digno y a una vida independiente, educación pública gratuita y de calidad, derecho al espacio público y al ocio no mercantilizado, la diversidad sexual y el derecho a tener una vida sexual sana, plena, afectiva e informada, el problema de las drogas, la no criminalización por el sólo hecho de ser joven, la participación política, entre otros.

En conclusión, si me piden un planteamiento sintético acerca de qué es Morena-je, les respondo que somos jóvenes indignados y comprometidos. Pero además de indignación y compromiso tenemos proyecto. Y en éste sostenemos la firme convicción de que otro país y otro mundo son posibles.

Para más información, consultar www.morenaje.mx

lunes, 7 de noviembre de 2011

2006: La transición interrumpida (Fragmentos de la Introducción del libro)

A inicios de la década de los noventas, académicos del mundo entero se volcaron a festejar el arribo de la tercera ola de las transiciones. En su cresta venía la democracia, una invitada muy pretendida. Para la segunda mitad de la década, el especialista en la materia, Guillermo O´Donnell, advirtió que muchos de los países que estaban inmersos en este proceso no lograron alcanzar la consolidación y revirtieron en nuevas formas de autoritarismo. Otros tantos permanecieron en un área gris, intermedia, en la cual las incipientes instituciones y prácticas democráticas coexistían con los mecanismos y el ejercicio autoritario del poder.[1] Culminada la década, Steven Levitsky y Lucan A. Way sostuvieron que visto a la distancia, quedó claro que en gran parte del mundo las tempranas esperanzas por la democratización fueron excesivamente optimistas. De acuerdo a estos investigadores, muchos regímenes autoritarios lograron sobrevivir al paso de la tercera ola. En otros casos, el colapso del régimen no derivó en democracia, sino en una forma novedosa y actualizada de autoritarismo. El problema que la ciencia política debe enfrentar en la actualidad, es que en tanto ha emergido una extensa literatura concerniente a las causas y consecuencias de los procesos de democratización, la investigación que se ha emprendido acerca de la emergencia o persistencia de regímenes no democráticos es escasa. Democracia restrictiva, incompleta, selectiva, pseudo, de fachada, delegativa, degradada: con el afán de alcanzar la precisión conceptual, las nuevas investigaciones se han visto obligadas a adjetivizar a la democracia, haciendo patente su estado inacabado. Sería más adecuado hablar de formas atenuadas o reducidas de autoritarismo que seguir inventando tipologías disminuidas de democracia. Para el caso mexicano, mi propuesta de análisis se centra en la transición interrumpida. El trayecto aún no había alcanzado su fase de consolidación, cuando en 2006 se le asestó un grave revés. ¿Qué fue lo que pasó si se iba por buen camino?

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Investigar qué fue lo que realmente sucedió en las elecciones presidenciales del 2006 implica sumergirse en un océano de pasiones y subjetividades. Es un hecho tan reciente y controvertido, que incluso las fuentes más confiables y mejor sustentadas no escapan de una dosis valorativa. El escritor Juan Villoro observa que “El cronista de la arena pública no es un testigo indiferenciado; está influido por la subjetividad, derivada de ser contemporáneo de las cosas que narra. No hay miradas puras y lo primero que debe establecer un narrador es su perspectiva para contar la historia.”[2]

En esta tesis me propuse realizar un esfuerzo por hacer a un lado mis posiciones políticas y entablar un compromiso con la academia y el método social. El trayecto no estuvo exento de vaivenes y tensiones, de disputas internas entre estos dos frentes por conseguir la supremacía. Ya juzgará el lector cuál fue el factor que predominó.

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¿Podemos hablar de una transición acabada cuando nuestra democracia es selectiva y permite a unos llegar pero a otros les bloquea el camino? ¿Podemos hablar de una transición completa cuando en México se ha impedido a toda costa que la izquierda llegue a la Presidencia de la República? La hipótesis que se pretende comprobar a lo largo de esta investigación es que en los años recientes se formó una poderosa coalición conservadora, antidemocrática y con poder de veto, conformada por cúpulas políticas, empresariales, financieras, mediáticas, sindicales y clericales, que no escatima recursos, legales o no, para impedir que sus privilegios y el status-quo se vean alterados. De tal modo, la democracia será efectiva y plena, en tanto la las opciones a elegir no alteren los intereses y privilegios de las élites económicas y de los poderes fácticos. Pero cuando un contendiente con posibilidades de triunfo plantea un desafío de transformación social, aún cuando sea lanzado por la vía institucional y legal, este bloque disciplinadamente cierra filas e impide su paso a como dé lugar. Los años previos al 2006, teniendo como corolario el proceso de desafuero del jefe de Gobierno del DF, lo corroboraron fehacientemente.

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Existe una extensa bibliografía acerca de las elecciones presidenciales de 2006. Era de esperarse: se trató de un parteaguas en la política nacional. Muchas publicaciones lindan con la apología o el panfleto; otras tantas pretenden reivindicar el actuar de uno de los personajes involucrados. Algunos son estudios serios, sustentados en métodos cuantitativos; otros se ciñen a un episodio específico del proceso y lo exponen acuciosamente. Es más: se han escrito novelas al respecto. En su conjunto, brindan un abanico rico en información y diversidad. Hay investigaciones de alta calidad cuyo común denominador es que se concentraron en una sola etapa: campañas, calificación de la elección, los años que antecedieron las elecciones, etcétera. Al consultar estas fuentes detecté un vacío. De ahí surgió el propósito de emprender esta investigación: sistematizar y desarrollar desde el comienzo la cadena de sucesos que conformaron las elecciones presidenciales de 2006 para brindar una visión panorámica y global sobre este proceso político.

De tal modo, en el capítulo 1 se delimita un marco conceptual cuyo propósito es explicar qué se entiende por transición a la democracia. Se exponen los avances que ha tenido el país en cuanto a procesos electorales y pluralización política, pero también sus retrocesos y pendientes.

El capítulo 2 desciende en la escala de abstracción y aterriza en el terreno de lo empírico. Aquí se desarrolla la larga serie de sucesos que antecedieron las elecciones de 2006, partiendo del error de origen: la conformación bipartidista del Consejo General del IFE en 2003. Desde ese momento se fue conformando un escenario adverso para la vigencia de las condiciones que requiere una democracia para realizarse. Aunado a ello, las numerosas confrontaciones entre el Ejecutivo Federal y el jefe de Gobierno capitalino, anticipaban unos comicios electorales que polarizarían a la sociedad.

En el capítulo 3 se analizan las estrategias electorales implementadas por los dos candidatos punteros y por las fuerzas políticas, económicas y sociales que los respaldaron. Si se pretende alcanzar una comprensión completa de lo que ocurrió en el país durante los tiempos de campaña, es insuficiente centrarse en las figuras de los candidatos, pues éstos actuaron en un contexto fuertemente influido por otros protagonistas de la política nacional. Es por este motivo que en este capítulo se profundiza en el papel que desempeñaron los medios de comunicación, algunos sindicatos, las cúpulas empresariales, los otros partidos políticos –poniendo especial énfasis en las fuerzas escindidas-, las autoridades electorales encargadas de vigilar la equidad en las campañas, algunos gobernadores que intervinieron en el proceso, y el presidente de la República. Se busca responder ¿qué hicieron unos para ganar, y qué hicieron (o dejaron de hacer) los otros para perder?

En el capítulo 4, Los organizadores y los jueces de 2006, se presenta un análisis crítico sobre el desempeño de las autoridades electorales. Como se corroborará, la consecuencia más grave de su actuar fue la erosión de la confianza ciudadana en los proceso democráticos. Reponer esta pérdida tomará mucho tiempo.

Para finalizar, el capítulo 5 trata sobre las consecuencias que estas elecciones arrojaron en el Sistema Político Mexicano, partiendo desde el análisis de la nueva correlación de fuerzas, hasta llegar a abordar el contexto de polarización y crispación social y la crisis de representación por la que el país atraviesa. El tema que invariablemente ocupa el centro es la legitimidad.


Como se observa en este breve recorrido, la tesis fija su punto de partida en el año 2003 y culmina describiendo acontecimientos de finales de 2008. Es a través del enfoque global que se pretende brindar una contribución al estudio y comprensión de estos relevantes comicios electorales.

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Esta investigación se realizó a lo largo del año 2008 y el primer semestre del 2009. A la fecha, considero pertinente su consulta al menos por tres razones:

1.2006 fue un parteaguas en la política nacional. Las circunstancias actuales, tales como la guerra en contra del narcotráfico, la inseguridad, el fortalecimiento del PRI, las alianzas entre los partidos de izquierda y el PAN en varios comicios locales y la generalizada sensación de descomposición de la vida pública, no pueden entenderse sin dimensionar la influencia que aquellos comicios presidenciales tuvieron en la reconfiguración de la arena política.

2.Ha arrancado la sucesión presidencial del 2012. Nos avecinamos a unas elecciones que posiblemente tendrán un elevado nivel de competitividad y que no estarán exentas de conductas ilegales y antidemocráticas por parte de diversos actores involucrados. Sin embargo, el entramado normativo e institucional permanece casi intacto. Si bien la última reforma electoral, consecuencia de las elecciones del 2006, tuvo aportaciones importantes, como impedir la contratación de tiempo en los medios de comunicación a los partidos políticos, también conllevó a severos retrocesos, como los candados a las coaliciones. Aunado a ello, la mayoría de los titulares del IFE y del TEPJF adolecen del mismo mal que sus antecesores: deben su cargo a algún grupo político, no a sus méritos y capacidades. De manera dolosa, en el Sistema Electoral Mexicano prevalecen averías y flancos vulnerables que, bajo el contexto desfavorable que se aproxima, podrían abonar en el descrédito ciudadano a la vía democrática.

3.Para la izquierda es imprescindible reflexionar sobre lo que ocurrió en 2006, pues si aspira a ganar las elecciones y gobernar el país, tiene que aprender de los errores cometidos en el pasado.



[1] Guillermo, O´Donnell, “Ilusiones sobre la consolidación”, en Nueva Sociedad # 144, Julio- Agosto 1996, pp. 70-89

[2] Juan, Villoro, “Detente apocalipsis: tengo un plan B”, en Roger, Bartra, Izquierda, democracia y crisis política en México, México, Nuevo Horizonte Editores, 2007

lunes, 9 de mayo de 2011

A un año, un balance

¡Compra pastillas y adelgaza en quince días o NO te devolvemos tu dinero! ¡Vamos ganándole al crimen organizado! ¡Las telenovelas de Thalía son formativas! ¿Para qué manda a sus hijos a estudiar a la escuela? ¡Permita que la tele los eduque mientras usted y su familia viven de sobra con 6 mil pesos al mes! Entre tanto ruido ensordecedor, la confusión es natural: ya no se sabe si lo que se anuncia es un candidato o un modelo que promueve un producto fijador para el cabello altamente tóxico y próximo a caducar.

Por eso, la creación de un espacio de libre expresión para periodistas, poetas, escritores, analistas y voces ciudadanas, es un motivo de festejo. Pero lo es más su primer cumpleaños. Muchos proyectos comunicativos se quedan en el camino, devorados por el monstruo bicéfalo de la televisión, siempre receloso en la defensa de sus dominios. Otros, simplemente chafean, o dicho de modo ortodoxo, claudican de sus orígenes para rendirse ante el favor de los patrocinadores, o bien, para estar en condiciones de concursar por una concesión con el favor del compadre en el gobierno. En un país secuestrado por la violencia, con la libertad de expresión en vilo y con el poder mediático concentrado en pocas manos, fundar y hacer subsistir una fuente informativa crítica e inteligente se antoja irrealizable. Y sin embargo, las hay. Son muchísimos los mexicanos luchando diariamente en condiciones asimétricas por la democratización de la información y de los medios de comunicación. Hace un año nació Contraseña con la determinación de sumarse a este esfuerzo colectivo.

Además de motivos de festejos, los aniversarios son ocasiones inmejorables para reflexionar. En el año que esta revista lleva de vida, en México y en el resto del mundo, en lo que respecta a la libertad de expresión, derecho a la información y labor periodística, ha ocurrido una serie de sucesos que merecen hacer un alto en el camino.

En el plano nacional, el panorama se pinta de claroscuros. La absurda y deplorable guerra de Calderón, cuyo saldo supera las 40 mil personas asesinadas, lesiona gravemente las garantías para ejercer el oficio del periodismo. En buena parte del territorio nacional, ante la violencia, la impunidad y la incapacidad del Estado, los periodistas no tienen más remedio que ejercer la autocensura. De acuerdo con un reporte publicado en septiembre de 2010 por el Comité para la Protección a Periodistas (disponible en www.cpj.org), desde que Felipe Calderón tomó posesión de su cargo, 22 periodistas habían sido asesinados y muchos otros atacados, secuestrados o forzados al exilio. El reporte agrega que durante los últimos 10 años, 90% de los crímenes en contra de periodistas han quedado impunes. En este silencio desolador, un poeta acaba de alzar la voz, que no es sólo la suya sino la de muchos otros: “Quiero decir que todos los jóvenes corrompidos o muertos en esta guerra, y que sólo son manejados por el gobierno como estadísticas, se llaman desde ahora para mí: Juan Francisco Sicilia. Todos son nuestros hijos." La de Javier Sicilia es una invitación a no quedarnos callados, a exigirle al gobierno federal el viraje de su fracasada estrategia, la instauración del Estado de Derecho y la devolución a los periodistas de la tinta de su pluma.

Esta autocensura es complementada por la censura clásica, tan descarada como siempre, sólo que ahora cubierta por la envoltura de la simulación democrática. El despido de Carmen Aristegui de MVS Radio, provocado por supuestas violaciones al código de ética de la empresa al haber solicitado una respuesta por parte del Ejecutivo sobre el presunto alcoholismo de su titular, es el indicador más contundente de la precariedad en la que nos encontramos. Pudo más un “berrinche presidencial” que la letra escrita de nuestra Constitución. Este episodio evidenció que en los medios electrónicos de comunicación hay libertad de expresión sólo si se cumple con dos requisitos: 1)tener quien te la patrocine, y; 2) no estar en la lista negra del “señor presidente”. El debate que detonó esta decisión se centró en la figura de esta valiente periodista. Sin embargo, su despido era solamente la punta del iceberg y el rostro más visible de una política del régimen que pretende uniformar a su imagen y semejanza todas las voces en los medios. Para el gobierno la disidencia es tolerable para mantener las apariencias y obtener las certificaciones democráticas, pero sólo en pequeñas dosis. La persecución y el hostigamiento de los que son víctimas las radios comunitarias y los medios alternativos, por una parte, y la decisión de no abrir el espectro televisivo a nuevos competidores, por otra parte, lo constatan.

Pero no todas son malas noticias…

Ante la presión del gobierno para que MVS despidiera a Aristegui, muchos ciudadanos se organizaron: marcharon, asistieron a manifestaciones públicas, elaboraron consignas creativas, tuitearon y firmaron peticiones. Además, los radioescuchas dejaron de sintonizar la estación, lo cual se tradujo en un golpe directo al talón de Aquiles de la empresa: su prestigio y su bolsillo. El resultado: a los pocos días Carmen regresó al espacio noticioso que conduce por las mañanas. Este episodio desmiente las posturas cínicas que invitan a la apatía al asegurar que de nada sirve protestar porque por más que se intente las cosas no van a cambiar. Lo cierto es que cuando la sociedad civil se moviliza y expresa su indignación masivamente, no hay arbitrariedad gubernamental que prospere.

En una magnitud mucho mayor y cuyos alcances históricos aún no se pueden divisar, la Revolución del Jazmín en Túnez y la Revolución de los jóvenes en Egipto, asestaron golpes fatales a sus regímenes autocráticos. La puerta a una transición democrática quedó entreabierta. En esta oleada rebelde, las tecnologías de comunicación jugaron un papel fundamental, pues dieron muestra de cómo cada vez es más difícil para los gobiernos y los grandes consorcios mediáticos fijar la agenda política, dosificar la información y decidir acerca de lo que pueden y de lo que no pueden enterarse los ciudadanos. La maravilla de Internet es que permite el intercambio de cientos de miles de mensajes por segundo, entre millones de usuarios, sin un centro capaz de controlar dicho flujo. Por medio de las redes sociales, los jóvenes insurrectos convocaron a sus connacionales a asistir a las concentraciones, anunciaron al mundo entero sus causas y se ganaron el apoyo de ciudadanos de países remotos. Pero a su vez, fueron conscientes de las limitaciones del ciberactivismo, y de que un click en el mouse lejos está de sustituir la protesta cara a cara en la plaza pública.

Y si estas luchas dejaron al descubierto la vulnerabilidad de los gobiernos ilegítimos cuando se enfrentan a resistencias fuertes, la explosión de la bomba Wikileaks, la cual contenía más de 250 mil cables confidenciales de la diplomacia estadunidense, los dejó avergonzados y en paños menores. Al darle una auténtica resignificación al derecho ciudadano a la información, este proyecto transformó la política de manera irreversible. Como señala Milagros Pérez Oliva, a partir de Wikileaks, todos los poderosos saben que todo lo que hagan o digan puede un día ser del dominio público. Para Javier Moreno, director de el País (periódico que colaboró en la difusión de estos cables), esta filtración revela como nunca antes hasta qué grado las clases políticas en las democracias avanzadas de Occidente han estado engañando a sus ciudadanos. En contraparte, también constituye una enseñanza sobre los riesgos que corre un periodista cuando descubre una realidad cuya secrecía se justifica por la tantas veces invocada “razón de Estado”. Actualmente Julian Assange, la cara más visible del proyecto Wikileaks, se encuentra en el Reino Unido bajo libertad condicional forzado a utilizar un brazalete que lo hace localizable las 24 horas del día. Víctima de vulgares difamaciones y vituperios por parte de diversos gobiernos ansiosos de su extradición, nos alerta sobre el rostro ambivalente de las nuevas tecnologías de comunicación: “Si bien Internet de alguna manera nos ha dado la oportunidad de saber a un nivel sin precedentes lo que el gobierno está haciendo, y nos permite establecer lazos de cooperación para llamar a cuentas a gobiernos y corporaciones represivas, también es la maquinaria de espionaje más grande que el mundo ha conocido.”

Punto y aparte

Gandhi alguna vez escribió que “la verdadera libertad no vendrá de la toma de poder por parte de algunos, sino del poder que todos tendrán algún día de oponerse a los abusos de la autoridad. La libertad personal llegará inculcando a las multitudes la convicción de que tienen la posibilidad de controlar el ejericicio de la autoridad y hacerse respetar”. Décadas después, el escritor Ernesto Sabato complementó esta idea afirmando que “ésta es una gran tarea para quienes trabajan en la radio, en la televisión o escriben en los diarios; una verdadera gesta que puede llevarse a cabo si es auténtico el dolor que sentimos por el sufrimiento de los demás”. En los últimos doce meses hemos constatado los peligros y oportunidades que se avecinan en la lucha por la democratización de la información y en la defensa del periodismo crítico e independiente.

Vivimos en una aldea global en la que las telecomunicaciones permiten que nos enteremos de lo que ocurre en el lugar más lejano de manera prácticamente inmediata. Es una época en la que las distancias se acortan dramáticamente. Por eso resulta irónico que al mismo tiempo se observe por todas partes el auge de los medios de comunicación local. Y es que las personas no sólo están interesadas en enterarse de la quiebra de la economía portuguesa o la crisis nuclear de Japón, sino también de lo que acontece en frente de su casa, en aquel lugar que los vio nacer y crecer, que forjó su identidad y autoestima como colectividad. Y en esa materia, Coyoacán tiene mucho que ofrecer y Contraseña otro tanto que narrar.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Más baratos

Alejandro Encinas Nájera

La botarga del Doctor Simi sonríe y festeja. El bloque conservador y mayoritario en el Congreso (PAN-PRI-PVEM) ha renunciado a su función de representar el interés público y ha asumido sin pudor alguno el papel de correa de transmisión de los grandes empresarios del país que ven en San Lázaro un lobby para legalizar sus negocios. En esta ocasión, las grandes ganadoras fueron las empresas farmacéuticas. Con 333 votos a favor, esta semana fue aprobada una iniciativa de reforma presentada por el diputado Pablo Escudero (cuyo suegro, dicho sea de paso, es Manlio Fabio Beltrones) que permitirá al IMSS entregar vales de medicinas a los usuarios cuando exista un desabasto en sus farmacias, o sea, siempre.

“Si el gobierno no puede, que te lo pague”. Basta recordar que con este slogan el PVEM se lanzó en campaña. Dicha frase, además de demagógica, ocultaba un interés empresarial. Resulta que el hermano del fundador de los verdes es dueño de las Farmacias Similares, un emporio que se ha expandido como el peor de los cánceres en todo el país. Éste sólo hecho evidencia el uso patrimonialista de un partido político que sólo representa los intereses de una familia. El bloque PRI-PAN no sólo respaldó la medida como un pago de favores y una apuesta por ganarse el aplauso de Televisa y Tv Azteca (quienes patrocinan a la telebancada). En esta decisión hay algo aún más lamentable: la renuncia voluntaria de capacidades públicas, el desmantelamiento de las últimas reminiscencias del Estado Benefactor. En efecto, esta reforma representa la profundización de la privatización del sector salud y el desmantelamiento de uno de los pilares de la seguridad social en México. Es indudable que el estado deplorable del IMSS no es una fatalidad, sino un componente de la agenda neoliberal.

Frente a la consumación de este atraco, yo no puedo comprender cómo es que hay todavía sectores de la izquierda que insisten en aliarse con un partido de derecha en gran medida responsable de la debacle nacional. Sólo una cosa me queda clara: que los legisladores que aprobaron esta reforma son lo mismo, pero más baratos.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

La opacidad


Alejandro Encinas Nájera

Durante muchos años el 1 de Septiembre era el día en el que se rendía pleitesía al presidente. Con un Congreso monocolor, el Informe era un mero ritual republicano de aclamación unánime. Esta realidad fue cambiando conforme el Poder Legislativo fue abriendo las puertas a la pluralidad política. Emblemáticas fueron las primeras interpelaciones de la oposición a una figura presidencial que iba despojándose de su carácter intocable. Todo aparentaba que transitábamos hacia un régimen de equilibrios y de rendición de cuentas, propio de una democracia. Lamentablemente Vicente Fox, al fungir como impulsor del desafuero del AMLO y jefe de campaña de Felipe Calderón, dilapidó la investidura presidencial y truncó este trayecto.

Hoy, en vez de haber arribado al destino deseado, nos encontramos estancados en un fango en el que si bien los legisladores ya no son los levantamanos del Ejecutivo, carecen de la capacidad y de las condiciones para llamarlo a que acuda a una auténtica rendición de cuentas. Calderón prefiere rendir su Informe de Gobierno ante las cámaras de las televisoras privadas, que ante las Cámaras parlamentarias. Con esas acciones, cree resuelta su obligación constitucional En spots de 30 segundos nos pinta un país que tan sólo se vislumbra a través del cristal de sus anteojos. Más que a un Informe, asistimos a una campaña proselitista.

En conclusión, sería inaceptable restaurar el antiguo ritual priísta, pero a la vez se deben crear nuevos mecanismos para que el titular del Ejecutivo asista a rendir cuentas no sólo una vez al año, sino tantas veces como sea requerido. Así funciona en muchos sistemas políticos europeos y no hay razón ni condena para que en México eso no sea viable.

www.lanetafisica.blogspot.com

viernes, 13 de agosto de 2010

Esclavos del BlackBerry

Me cuesta confesarlo, pero ahí les va: me llamo Alejandro y soy adicto al Black Berry. Bueno, quizás he exagerado un poco, pero ahora que he atrapado tu atención, considero indispensable que reflexionemos en torno a una tecnología que ha alterado la forma en que nos relacionamos, concebimos tiempo y espacio y sobre todo, que ha transformado –que no es lo mismo a revolucionar– las telecomunicaciones. Eludo usar el término revolucionar, pues esto presupone progreso, avance, y no estoy muy seguro de que el Black Berry contribuya en ello.

Para quienes no están familiarizados con este infernal aparato, basta comentar que se trata de un teléfono celular con Internet incluido, mensajería entre blackberristas sin costo adicional, correo electrónico, GPS y redes sociales como Twitter y Facebook (lleva a todos tus amigos en el bolsillo, reza la propaganda). Los empresarios han logrado colocarlo como un objeto que confiere status social: “¿No tienes Black Berry? Uff, entonces, ¿cómo nos vamos a contactar?” O en su defecto, “Ok, nos vemos luego, mándame un mensajito por el BB Messenger”.

Todos nos sentimos muy modernos con nuestra “oficina móvil”: ¡qué maravilla poder estar de vacaciones despachando como si estuviera en la oficina! ¿Seguros? O mejor dicho, los asuntos del trabajo, como el karma, me persiguen a donde quiera que voy. Lo cierto es que con este celular, los usuarios están permanentemente localizables por su novi@, jef@ y demás @rrobas. La ciencia ficción del Gran Hermano que todo lo ve, del escritor británico George Orwell, al fin materializada. Sus inventores bien lo sabían. Con lujo sarcástico lo bautizaron Black Berry. Cuenta la leyenda urbana que en los tiempos de las grandes haciendas algodoneras del sur de lo que ahora conocemos como Estados Unidos, así se les conocía a las bolas metálicas que se encadenaban a los tobillos de los esclavos africanos para que no escaparan de la explotación laboral. Después de conocer esta metáfora, ¿nosotros los blackberristas nos seguiremos sintiendo tan sofisticados?

Hay quienes aseguran que ésta es y será una tecnología destinada exclusivamente a una élite. Están equivocados. Recordemos que tan sólo hace quince años atrás, cuando los celulares se asemejaban a un tabique o a una arma blanca y sólo las familias de alcurnia podían darse el lujo de pasearse por los shopping malls con tremendo aparato causante de problemas ortopédicos, se pensaba lo mismo. Hoy en México hay más de 80 millones de líneas de celular.

Ya Arnoldo Kraus lo ha anticipado: “La epidemia Blackberry es una amenaza. Despersonaliza, aleja a las personas, impide el contacto físico, consume tiempo, es altamente contagiosa y enemiga de la reflexión.” Es desesperante compartir una taza de café con alguien que no te presta atención, que su mente está concentrada en un chat en su pequeña pantalla (me he cachado haciéndolo). Despoja de todo encanto al encuentro amistoso y a la sobremesa. Nunca en la historia de la humanidad se le había dado tanto uso a los dedos pulgares de la mano como ahora que millones teclean maratónicos mensajes. Pese al asombro de los darwinistas, no descartemos que en la siguiente era nos salgan tentáculos en los dedos gordos.

En suma, el Black Berry (para empleados productivos) y el I Phone (para jefes ociosos), pueden ser herramientas de trabajo y comunicación muy útiles. Lo que en verdad preocupa es que el objeto poseído termine por poseer a quien se jactaba de ser su dueño, y que el invento termine devorando a su creador.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Las buenas conciencias


Alejandro Encinas Nájera

Advertencia: el siguiente artículo puede provocar, o en su defecto incrementar trastornos en las “buenas conciencias” de la sociedad mexicana. Se sugiere discreción.

Inaudito es una palabra que se queda corta para describir los actos de homofobia, misoginia y racismo que a diario ocurren en nuestro país. Inaceptable es un término que no alcanza para demostrar la indignación ante esta doble moral: el territorio nacional bien puede bañarse en sangre prevaleciendo un estado de total impunidad, pero que a una mujer indígena que fue violada no se le ocurra abortar porque ahí sí se aplicará todo el rigor de la ley; los asesinatos a gente inocente (conocidos en el argot oficial como “daños colaterales” en la guerra contra el narco) pueden ocurrir a plena luz del día en lugares de afluencia pública, los decapitados aparecer en avenidas principales y los mensajes de terror leerse en los puentes peatonales, pero que a una pareja homosexual no se le ocurra darse un beso en público pues el escándalo a la moral es tal que merece castigo público. Algo anda mal en una sociedad que ha llegado al absurdo de perder el pudor ante la violencia y proscribir al escondite las muestras de amor y cariño.

A finales de 2009, el gobierno estatal de Guanajuato prohibió que en los libros de texto se incluyera información sobre salud reproductiva. Lo reemplazó por otro que condena la masturbación como un “placer egoísta”, promueve la abstinencia hasta el matrimonio y desaparece imágenes de los aparatos reproductivos “por incitar a la lujuria”. Bajo estos prejuicios ajenos de un Estado Laico, se conculcó a miles de jóvenes el derecho de informarse sobre cómo se puede llevar una vida sexual sana y responsable. Al mismo tiempo, en 17 congresos locales se aprobaban leyes antiaborto que criminalizaban a las mujeres. El axioma de las “buenas conciencias” en aquella ocasión fue “los preservativos no existen y el aborto es un delito que se castiga con prisión. Si usted fue violada, aguántese como si fuera un hombre de verdad”.

Mientras todo eso ocurría, los legisladores locales del DF se disponían a aprobar los matrimonios entre personas del mismo sexo y su derecho a adoptar. Esto no fue producto de la espontaneidad sino de una larga lucha. Hagamos un breve repaso de los hechos más recientes: dudo que alguna vez en la historia haya imperado el prototipo de estructura familiar que los sectores conservadores tanto invocan: la típica fotografía del papá exitoso, la mamá abnegada, el hijo y la hija obedientes y de fondo una casa en un suburbio. Los fenómenos sociales son mucho más complejos y ricos. El tejido familiar cobra múltiples formas: monoparental, extensa, compuesta, etc. Hasta 2006, la ley desconocía esta realidad. Con la aprobación de la Ley de Sociedad de Convivencia por primera vez se le otorgó un status jurídico a relaciones diversas integradas por personas que pretendían establecer un contrato social que incluyera derechos y obligaciones. Esta reforma de ningún modo aspiró a ser culminante, más bien se planteó a sabiendas de que desencadenaría una larga serie de antesalas y debates para por fin desembocar, sin ambigüedades, en la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo.

Aprobados los matrimonios, lo que se desconocía es que éste era sólo el inicio de un nuevo capítulo de lucha por colonizar nuevas libertades. La reacción fue sorprendente y en cierta medida, divertida: el alto clero anunció que excomulgaría a los diputados que votaron a favor, se irían directito a arder en las llamas del averno, las sotanas salieron a las calles a protestar acompañadas de las familias bien que calificaban a los gays como depravados, hechura contranatura, perversos e inmorales. El gobierno federal se sumó a esta causa como su principal activista. Fue entonces que la controversia constitucional tocó las puertas de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Recientemente este órgano declaró el apego legal del matrimonio gay. Pero no todo está dicho. Mientras se escriben estas líneas, aún no se ha deliberado en torno a la adopción y el reconocimiento de derechos en otras entidades de quienes se casan en el DF.

Que alguien me dé una razón convincente y libre de prejuicios para impedir que dos personas que se aman puedan enlazarse en matrimonio y adoptar. Porque hasta la fecha, los detractores sólo han manifestado irracionalidad, fanatismo y odio. Los matrimonios entre personas que no se aman, sean homosexuales o heterosexuales, esos sí que están mal.

jueves, 29 de julio de 2010

Lápices por fusiles

En el mundo hay 771 millones de personas desprovistas de competencias básicas en lectura y escritura. Tan sólo en la región de América Latina y el Caribe se contabilizan 35 millones de analfabetos; de éstos, 6 millones viven en México (Fuente: UNAM).

A veces las sociedades disimulan o desvían la vista de problemas gravísimos que albergan en su seno. Caen en la complacencia y la simulación para decirse a sí mismas que las cosas van bien. Al negar o no reconocer la asignatura pendiente, se suministra una buena dosis de somníferos para la conciencia, con la reacción “secundaria” y adversa de que se transita en sentido contrario a su solución.

A todos nos debería indignar que en pleno siglo XXI en México no se ha podido erradicar uno de los fenómenos que mayor segregación y asimetrías provoca entre los individuos que conforman una sociedad: el analfabetismo. Incluso en el Distrito Federal viven alrededor de 160 mil personas que no saben leer y escribir. Estamos hablando de un problema anclado en la capital del país, una región de contrastes en donde la tecnología de punta se conjuga con la falta de oportunidades, las finanzas trasnacionales con la marginación, y la sociedad de la información con la deuda educativa. Estrechamente vinculado con la pobreza, la desigualdad y la exclusión, el analfabetismo suele arraigarse en sectores tales como mujeres mayores de 50 años y población indígena. Con ello se nutre y lubrica el círculo vicioso de la inequidad, garantizando la reproducción de la injusticia.

Recientemente el Jardín Hidalgo atestiguó el arranque de la campaña “Analfabetismo 0 en la capital”. Se trata de un esfuerzo que articula a la Secretaría de Educación del GDF con la UNAM y los gobiernos delegacionales y que, como su nombre lo indica, se ha puesto como objetivo sentar las bases para erradicar el analfabetismo en el Distrito Federal. Desde el momento que se lanzó la convocatoria para sumarse a las brigadas alfabetizadoras, los jóvenes, principalmente provenientes de prepas y universidades públicas, fueron los que más iniciativa e interés mostraron. Algunos de ellos ya pusieron el ejemplo al formar comités autogestivos. Han sido experiencias a lo sumo exitosas que deben replicarse. En efecto, lo mejor que podría sucederle a este programa es que la sociedad se lo apropiara e hiciera suya esta impostergable tarea. Que los vecinos pongan sus casas para las sesiones de estudio, que los chavos en la colonia difundan e inviten a otros a sumarse a esta campaña, que la banda encuentre formas originales de autoorganizarse, que se armen conciertos y eventos culturales para su promoción. Esto, aún en estado germinal, está sucediendo en Coyoacán.

Si bien nuestra delegación, con el 1.9 % (9269 personas) no presenta los índices más elevados de analfabetismo en la capital –como ocurre con delegaciones tales como Tlahuac, Milpa Alta e Iztapalapa que alcanzan hasta el 5% de analfabetismo entre sus habitantes– existen zonas que dada la concentración de población analfabeta comparten rasgos muy similares con los casos más apremiantes. En esta situación se encuentran las colonias Santo Domingo, Villa Quietud y el Barrio de San Francisco (Fuente: INEGI).

Desde luego el arranque será una fase complicada. Adversidades habrá y muchas: que faltan recursos, que hay desorganización, la insensibilidad, la desidia, entre otras tantas. Sin embargo, países con severos problemas económicos y estructurales como Venezuela, Cuba y Bolivia han logrado acabar con el analfabetismo. Con ello demostraron que pese a todo obstáculo nuestras aspiraciones son posibles, siempre y cuando pongamos por delante el esfuerzo, la organización y sobre todo, un profundo compromiso con esta causa. En pocas palabras, nuestros principales enemigos serán nuestra falta de imaginación y de voluntad.

En la mayor parte del territorio nacional se libra una absurda guerra cuyo principal insumo proviene de la falta de expectativas y oportunidades: los jóvenes se reclutan del bando de los sicarios o de los militares y son utilizados por sus mandos como carne de cañón. Mientras tanto, en el Distrito Federal se está gestando un ejército de alfabetizadores que ha optado por portar el lápiz en vez del fusil, y por abonar en el conocimiento y repudiar la violencia.


¡Súmate a las brigadas alfabetizadoras en Coyoacán! Para mayores informes marca al 56587060

jueves, 22 de julio de 2010

Día 88

Todo comenzó con la extinción de una empresa. Pero más que un trámite administrativo, fue un asalto tan sólo equiparable con las prácticas de los regímenes más despóticos. Luz y Fuerza del Centro desaparecería y con ella más de 40 mil plazas de trabajo. –Que pongan su changarro y acepten la indemnización, aconsejaba el gorila que hoy tenemos como secretario de Trabajo. Pero no contaba con la ejemplar dignidad de los trabajadores aglutinados en el Sindicato Mexicano de Electricistas. Resistir fue su imperativo ético. Y así, sin trabajo ni ingreso, andando a contracorriente en una sociedad a veces indiferente, abrumada con sus problemas cotidianos, y con un gobierno que enaltece la máxima salinista de “ni los veo ni los oigo”, continúa la lucha de los electricistas por la restitución de su trabajo. Es fundamental aclarar esto: no piden más, pero tampoco van a aceptar menos.

Luego vino la solicitud de amparo. A todas luces la extinción contravenía el espíritu de nuestra Constitución. Pero la Suprema Corte de Justicia decidió por unanimidad renunciar a sus funciones de garantizar la legalidad y prefirió ser un vasallo del Poder Ejecutivo.

Es así como el ingeniero Cayetano Cabrera cumple hoy 88 días en ayuno, situación que lo pone al filo de la muerte. Ni siquiera esta protesta extrema ha estremecido a Calderón y a los suyos. ¿Y qué decir sobre los grandes consorcios mediáticos? Para ellos esta huelga es inexistente. Discrepa mucho de la cobertura que ha merecido el ayuno del disidente del régimen cubano, Guillermo Fariñas. Él sí es un héroe, él sí es un mártir y víctima de un “gobierno autoritario”; Él sí merece primeras planas y reportajes especiales. Es ver la paja en el ojo ajeno y caer en la simulación y encubrimiento de nuestra realidad.

Pese a todo, el SME no va a desistir. Hoy su estrategia va encaminada a que se admita que si bien la empresa ya no existe, el servicio no desapareció, y por tanto, las plazas de trabajo tampoco. Hay un patrón sustituto obligado a garantizar la inserción y los derechos laborales de aquéllos que rechazaron la indemnización.

lunes, 12 de julio de 2010

El escritor de la congruencia

El escritor de la congruencia

Alejandro Encinas Nájera

“Cantamos porque llueve sobre el surco

y somos militantes de la vida y

porque no podemos ni queremos

dejar que la canción se haga cenizas”

(Mario Benedetti, Canción Nueva)

I

“El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir”. En 1998 José Saramago pronunció estas palabras ante la academia sueca tras recibir el Premio Nobel de la Literatura. Se refería a su abuelo Jerónimo, el maestro de su vida, el que más intensamente le enseñó el duro oficio de vivir, el “pastor y contador de historias, que, al presentir que la muerte venía a buscarlo, se despidió de los árboles de su huerto uno por uno, abrazándolos y llorando porque sabía que no los volvería a ver”. Fue por él que su nieto comenzó a escribir. Transformar personas de carne y hueso en personajes literarios -“con el lápiz siempre cambiante del recuerdo”- fue su modo de rastrear sus orígenes, de salvar del olvido a los muertos que le dieron vida y que lo hicieron el hombre que fue.

El pasado 18 de junio, a sus 87 años, el autor portugués murió en Lanzarote, isla en la que rodeado de un clima de familia y afecto, discurrió la última etapa de su vida. Justo en pleno agotamiento moral de un sistema que articula a personas y naciones a través del egoísmo, y que enaltece la acumulación como vía unívoca a la felicidad, se nos fue un autor prolífico de ideas, un defensor a ultranza de la dignidad humana.

II

Además de haber sido un novelista fuera de serie, Saramago fue, en el más amplio sentido de la palabra, un ciudadano. “Yo no puedo negar que tengo una responsabilidad, como ciudadano, como parte de una sociedad. ¿O acaso lo único que sirve es tener y tener cada vez más? Por favor, recuperemos esta idea de que hay que aprender a vivir juntos”.

Entrado en años, su espíritu combativo lejos de claudicar, se fortalecía. En 2003 se sumó a las protestas en contra de la invasión estadunidense a Irak, a esa incursión que calificó como un capricho belicista de “políticos a quienes les sobra en ambición lo que les va faltando en inteligencia y sensibilidad”. Y bajo el lema de “ellos quieren la guerra, pero nosotros no les vamos a dejar en paz”, veía que el emergente activismo transfronterizo se estaba volviendo la “mosca cojonera del poder”.

Saramago estaba convencido de que los seres humanos somos capaces de lo mejor y de lo peor. Militante de la vida, era feliz solidarizándose con las mejores causas: “Es tiempo de meter mano a la más maravillosa y hermosa de todas las tareas: la incesante construcción de la paz. Pero que esa paz sea la paz de la dignidad y del respeto humano, no la paz de la sumisión y de la humillación (...) Ya es hora de que las razones de la fuerza dejen de prevalecer sobre la fuerza de la razón.”

III

"Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran." Tras sus lentes Saramago observaba con preocupación el deterioro y la deshumanización de la convivencia. Ensayo sobre la ceguera versa sobre una sociedad acechada por una epidemia de ceguera. Resguardados en el fuero del anonimato y la impunidad, se desata una embriaguez de mezquindad y vileza, sale a relucir la parte más oscura de la condición humana. Me temo que los personajes no son tan ficticios y que la parábola no está tan alejada de la realidad.

IV

“Soy un comunista hormonal” –responde. Ante la perplejidad del entrevistador, el autor portugués explica: “Imagínese que hay personas que nacen con ciertas hormonas que las dirigen hacia el comunismo (...) Bien, ahí tiene usted el motivo por el que sigo siendo comunista, por una hormona que me impone una obligación ética.”

José Saramago ingresó al Partido Comunista en tiempos en que era perseguido por la dictadura de Salazar. Presenció el desmoronamiento de los marxismos históricos, el ascenso de la unipolaridad, y la orfandad ideológica de las izquierdas. Era escéptico de prever una revolución en un futuro cercano, pues para hacerla “hay que tener ideas sobre lo que se quiere hacer en el futuro, y ahora, como ya hemos visto, las ideas no sobran”.

Sus convicciones hormonales no le nublaban el panorama: “Las izquierdas son campos en ruinas. Son muchas las crisis en el mundo, pero hay una crisis que es la más grande de todas, que es la crisis de ideas. (...) el fracaso de las izquierdas se ve en lo siguiente: la derecha, cuando por motivos de estrategia política se va al centro, pues no por eso deja de ser derecha. Y no engaña a nadie. Pero cuando la izquierda se va al centro, deja de ser izquierda.”

Desencantado por el desdibujamiento y la pérdida de identidad de los partidos que se asumen de izquierda, e indignado por regímenes comunistas que no respetan ese acto irrenunciable de conciencia que es el disenso, José Saramago cimbró sus esperanzas en la proliferación de pequeños movimientos de resistencia ciudadana que se manifiestan en todo el mundo.

Concluyo

Cuando murió su entrañable amigo, el escritor uruguayo Mario Benedetti, Saramago le dio despedida de la siguiente manera: “Son muchas las razones que nos llevan a la lectura de Bendetti. Tal vez la principal sea que el poeta se ha convertido en voz de su propio pueblo. O sea, en poeta universal.” Pues bien, creo que esas mismas palabras se pueden aplicar para despedirse de José Saramago.

lunes, 7 de junio de 2010

Todo sea por el fútbol

Silbatazo inicial. La agonizante espera de 4 años ha finalizado. La euforia mundialista se ha desatado y no existe fuerza capaz de contenerla. Sudáfrica, un país en el que no hace muchos años la minoría blanca segregaba a la mayoría negra, se ha convertido en la sede de una fiesta en la que confluirán razas, culturas y miles de personas provenientes de todos los rincones del planeta. Y cuando se trata de festejos, los mexicanos le entramos con singular alegría. Nos ubicamos en uno de los tres primeros lugares, no en el ranking de la FIFA, sino en la compra de boletos de avión o paquetes mundialistas. A ojos someros de un extranjero, este dato desecharía la idea de que atravesamos por una severa crisis económica, pero basta escarbar un poco para encontrar las deudas o los créditos que nuestros paisanos viajeros contraerán con tal de saciar su pasión. Todo sea por el fútbol.

Siempre me ha intrigado el fenómeno de que millones depositen sus esperanzas en once individuos con los que no tienen una relación personal y a los que probablemente jamás conocerán. Lo cierto es que dentro de los 90 minutos de juego, el archipiélago de clases sociales, etnias, grupos e ideologías que por convencionalismo solemos llamar México, se condensa. Todo queda en vilo, las calles sin transitar, las oficinas se vacían, olvidamos angustias y preocupaciones cotidianas y nos volcamos, sin escala de por medio, a una cantina o a la casa de un familiar o amigo. A partir de ahí, nuestra concentración se enfocará exclusivamente en el esférico que mueve multitudes, esperando impacientemente que cruce la línea y se incruste en la red del equipo adversario. En ese glorioso momento el anotador se convierte en héroe nacional y más de uno postula al director técnico para presidente.

La selección tricolor no la tiene fácil. Arrancará el 11 de junio a las 9:00 am en el partido inaugural contra el equipo anfitrión. Por si esta adversidad fuera poca cosa, Felipe Calderón ha amenazado con asistir, con lo que se corre el riesgo de que les eche la sal. Además, dentro de su grupo se encuentran Francia y Uruguay, ambos campeones mundialistas. A su favor juega la juventud de los seleccionados: el promedio de edad oscila entre los 26 y 27 años. Algunos de ellos son egresados de aquella selección-cantera que en el año 2005 puso en alto el nombre de México al coronarse en el Mundial sub-17. Ahora tendrán que demostrar que además de garra y tesón han adquirido el nivel de competencia para destacar como pamboleros profesionales.

Ojalá que entre tantos problemas que nos acechan como país, la selección nos regale una serie de triunfos y de actuaciones destacables. No queremos “pan y circo” ni “opio para los pueblos”, sino sólo un formidable pretexto para juntarnos con las personas que más apreciamos, sublevarnos contra nuestras rutinas, divertirnos un rato y disfrutar de un gran espectáculo: el mundial de fútbol.

jueves, 20 de mayo de 2010

La Montaña Roja

Alejandro Encinas Nájera

Situémonos un instante en este escenario: Inicio de la década de los 80s, en pleno corazón de la sierra guerrerense se encuentra uno de los rincones más olvidados del país: Alcozauca. La pobreza y marginación no son barreras para que sus habitantes estén concientes de que el orden prevaleciente no es producto del fatalismo: no hay razón para que la injusticia sea injusta, ni el hambre hambrienta. Un buen día deciden desafiar a la hegemonía del aparato, se organizan y masivamente se vuelcan a las urnas para llevar a un comunista a la alcaldía. Se trata de Abel Salazar, proveniente de una familia que sembró su vocación en la lucha popular. Este profesor rural forma parte de una generación de mujeres y hombres de izquierda que pese a las condiciones asimétricas y fraudulentas ofertadas por el régimen, tomaron la decisión de salir de la clandestinidad y optar por la senda democrática. El cambio de paradigma fue abrupto y a lo sumo cuestionado por otras corrientes de lucha: ya no sería el pueblo armado, sino el pueblo sufragante el sujeto predilecto de la transformación social.

El júbilo de aquellas jornadas pronto se vio empañado por el abrumador peso de la realidad. El gobierno del estado haría todo lo posible por impedir que ese foco rojo se esparciera y tiñera del mismo color al resto de la montaña guerrerense. La estrategia se centró en el boicot y el asilamiento. Cuando recibieron el edificio del ayuntamiento sin muebles ni escritorios, es más, sin bombillas, hecho un desierto, sabían a lo que se enfrentarían. Luego lo corroboraron cuando una comitiva bajó a Chilpancingo a recoger el primer cheque con una insignificante cantidad que no alcanzaba ni para el arranque. Dicen que la gente comenzó a implorar que los antecesores regresaran... pero todo lo que se habían robado. Fue contra viento y marea como se fue gestando una tarea aún inacabada: la autonomía municipal.

Desconozco si en aquel instante los 11 mil pobladores de Alcozauca tenían conocimiento de los alcances de estos acontecimientos. No sólo eligieron al primer presidente municipal comunista en la historia contemporánea de nuestro país, sino que demostraron que con organización popular, al oficialismo se le podía vencer en las urnas. En suma, sentaron un hito que no tardó en rebasar aquellas fronteras. En un corte histórico, 26 años después, en 2007, la izquierda gobernaba a más de 25 millones de mexicanos en seis entidades y en 405 municipios. Sin embargo, este espectacular crecimiento cuantitativo vino acompañado de una contraparte: la pérdida cualitativa. El desdibujamiento ideológico, el pragmatismo oportunista, el rumbo perdido, la desmemoria, el no saberse diferenciar claramente de las otras opciones políticas y la adopción de prácticas corporativistas y clientelares que antaño se combatían, son vicios recurrentemente presentes y que traicionan las causas que han llevado a la izquierda a asumir tareas de gobierno.

La última vez que Abel Salazar asistió a un encuentro con sus compañeros de militancia fue en Cuautla, Morelos pocos días antes de su muerte, acaecida el 29 de abril de 2010. Se vio a un hombre fatigado cuyo cuerpo octagenario había sido invadido por una enfermedad terminal que no le impidió tener la frente en alto e ir flanqueado de su fiel compañera, la dignidad. Cuentan los que estuvieron presentes que su sola entereza cimbró y desencadenó la reflexión: o hay ética en el quehacer político, o se deja de ser de izquierda.